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No hay libertad sin justicia social

«¿Cómo puede una persona decidir la dirección de su vida si está muy lejos de tener el control de su situación diaria? ¿Cómo puede una persona decidir libremente por el sentido de su vida estando sometido a las necesidades que se imponen desde su propio cuerpo? ¿Cómo puede decidir libremente encadenado como está a un sistema de urgencias económicas, a un sistema de relaciones de familia, de trabajo y de amistad que a veces se convierte en un sistema de desempleo y desesperación, de soledad, de desamparo, de fracaso de las esperanzas? ¿Cómo puede decidir libremente basándose en una información manipulada y en una exaltación mediática de antivalores capaz de mostrar como máximo modelo de comportamiento al poderoso que exhibe impúdicamente la violencia, la amenaza, el atropello, la arbitrariedad y la sinrazón?» (Silo, Charla de La Reja, 2005).

Este texto de 2005 refleja muy bien el momento actual. Y es que, lo que se vislumbraba hace 15 años, se ha agudizado y hecho firme.

Es difícil ejercer nuestra libertad y dar dirección a nuestra vida cuando el pacto por la justicia social se rompe cada día: guerras olvidadas e interminables, declaradas y no declaradas, que llevan al exilio a millones de personas; derechos que se recortan, se desmantelan (sanidad, educación y vivienda van camino de volver a ser lujos que no estén al alcance de todos); violencia de género, racial, religiosa, ideológica, psicológica avanzan cuando parecían haber retrocedido; se coarta el desplazamiento humano mientras el capital se mueve sin límites; la pobreza y la desigualdad aumentan en todo el planeta, que, a su vez, está en peligro…

«El gran capital domina no solo la objetividad gracias al control de los medios de producción, sino la subjetividad gracias al control de los medios de comunicación e información. En estas condiciones, puede disponer a gusto de los recursos materiales y sociales convirtiendo en irrecuperable a la naturaleza y descartando progresivamente al ser humano. Para ello cuenta con la tecnología suficiente. Y así como ha vaciado a las empresas y a los estados, ha vaciado a la ciencia de sentido convirtiéndola en tecnología para la miseria, la destrucción y la desocupación.
Hoy el mundo está en condiciones tecnológicas suficientes para solucionar en corto tiempo los problemas de vastas regiones en lo que hace a alimentación, salubridad, vivienda e instrucción. Si esta posibilidad no se realiza es, sencillamente, porque la especulación monstruosa del gran capital lo está impidiendo» (Documento del Nuevo Humanismo).

Pero, siendo conscientes de los condicionamientos que tenemos, podemos poner a las personas como lo más importante y tomar la decisión de modificar lo que esté a nuestro alcance para avanzar hacia la igualdad y los derechos sociales que nos permitirán ser más libres a tod@s y no solo a unos pocos privilegiados.

Podemos y debemos aspirar a un mundo en paz, no violento, con igualdad de oportunidades y derechos, a la vez que diverso en culturas, religiosidad, formas e ideas. Un mundo donde se valoren la solidaridad y la justicia social. …Al fin y al cabo, lo que nos hace humanos.

La generación de ruptura

DARIO ERGAS (Santiago de Chile) | Hemos quedado atónitos con la manifestación de una nueva generación que avisó de su existencia estos últimos meses en Chile. Expresaron, subvirtiendo el orden económico y público, que no les gusta el sistema social en que viven. Se manifestaron y fue creciendo entre ellos un sentimiento de afecto, solidaridad, un reconocimiento mutuo, que sintonizó a toda su generación y arrastró también a las restantes de sus hermanos mayores, padres y abuelos. De pronto, como en un cuento de Saramago, todos nos dimos cuenta que el sistema político, económico y financiero era absurdo, que la democracia formal de los políticos era una hipocresía, que el gobierno protegía a una élite.

Un mundo que hasta el día anterior era una verdad total se desplomó. Ya no queremos competir, ya no nos interesa el consumo, ni el año escolar, no queremos ganarle al vecino, no le creemos a la televisión, ni al presidente, ni al parlamento. El dios dinero comenzó su agonía y así ya no puede dictar las normas de convivencia. Por el contrario, mancha todo lo que toca.

El grito que unió las marchas multitudinarias canta:
Chile despertó, despertó, despertó.

¿Pero qué significa exactamente ese despertar?

La opinión más común es que los abusos del sistema financiero neoliberal fueron los causantes. De ahí se desprende que la angustia económica de las clases medias y las más desposeídas sean el disparador de un fenómeno revolucionario. Revolución en esta ocasión sin partidos ni caudillos que la dirijan. El sistema habría llegado a un nivel de impunidad que agotó la sociedad, que ahora no cejará la presión hasta que una asamblea constituyente vuelva a definir la relación entre capital y trabajo, las reglas democráticas, la propiedad de los recursos naturales, el estándar del bien común de la salud y la educación, el estado federativo y plurinacional.

Esta es una hipótesis más o menos aceptada, propia de las filosofías economicistas del siglo XX. Algunos incluso leen en esto el principio del fin del neoliberalismo ya que en el mismo país donde se probaron sus teorías ahora serán barridas por el pueblo que alguna vez se ilusionó con ellas.

Es interesante, pero creo que hay otras aristas que me gustaría explorar.

Es probable que el fenómeno generacional no sea exclusivo de este país, sino que tenga características planetarias; el caso de Hong-Kong es llamativo por su similitud.

Pudiera una generación estar despertando mundialmente y estar abriendo los ojos hacia el horizonte del futuro. Es por “despertar” que ya no quieren este sistema de antivalores, ahogado por el capital financiero que pretende disciplinar la libertad por medio de palancas económicas y bursátiles. No importa si se trata de luchar contra el partido comunista chino o contra el rey de España o contra el poder corporativo financiero o el estado nacional: algo cambió en la sensibilidad de las nuevas generaciones que despertaron y descubrieron que se trata de ellos, de su mundo, y que tienen el deber y el derecho de transformarlo. No importa cuál símbolo sintetice aquel sistema individualista y tramposo del que se quieren despojar, no importa cuál sea el símbolo de lo que restringe la libertad y la diversidad, no importa con qué métodos nos exacerben esos deseos inútiles y sinsentido de querer más, la generación joven se está alzando en distintas latitudes, y parece que en una interesante dirección. De pronto descubrieron que los síntomas de la depresión, pánico, suicidio, incluso la ludopatía que padecían, era por la asfixia de valores individualistas, discriminatorios y competitivos y no por enfermedad mental como se les hacía creer. Inician así una revolución que transgrede las costumbres del sistema económico financiero uniforme y comprenden que son ellos los protagonistas.

Estas generaciones nacieron ya sin las referencias típicas del sistema, que ya estaban en decadencia: la Iglesia, la democracia, los políticos; un sistema capaz de matar y de destruir el planeta entero por dinero. Al menos esa es la representación que se tiene de una institucionalidad incapaz de evitar el colapso nuclear, ambiental, económico y moral.

Los pueblos se están sintonizando en este paisaje mundial con una generación sin los referentes tradicionales del sistema. Ya no son solo las nuevas generaciones, sino todas ellas se sincronizan en un espíritu hasta ahora desconocido. Sospecho que sobrepasará cualquier molde con que se las quiera contener, moldes que irán cayendo uno tras otro ante el caudal de la energía joven de una generación crítica que inaugura un nuevo momento histórico y probablemente anuncia una nueva era.

El análisis tradicional de lucha de clases y considerar que el ser humano es un ser económico, y que ese es el factor de cambio (o sea todos nos movemos por pesos, o sea nuestra alma es esencialmente corrupta), pudiera no ser válido. Al dejarnos llevar por ese tipo de pensamiento no tenemos todos los elementos para saber cómo actuar en esta revolución que queremos fomentar.

Reducir el motor humano a los factores productivos y considerar que la violencia de masas es una violencia revolucionaria y puede ser “utilizada” para una “causa mayor”, podría no alcanzar para analizar la complejidad de lo que se viene.

Intento entonces encontrar un ángulo existencial y humanista para comprender el momento que vivimos, y evaluar la acción para acompañar este cambio en la mejor dirección.

Entre las causas de las pérdidas de referencias sociales, morales y religiosas está el desgaste de las creencias culturales que chocaron con un nuevo paisaje tecnológico y mundializado.

Entre las causas de las pérdidas de referencias sociales, morales y religiosas está el desgaste de las creencias culturales que chocaron con un nuevo paisaje tecnológico y mundializado.

Pudiera ser que esa desestabilización de las referencias identitarias y del propio “yo” estuviera impactando a la conciencia desde sus necesidades espirituales más profundas. Una suerte de vacío mental provocado por la caída de las creencias y modelos que hasta hace poco nos orientaban está permitiendo a la conciencia personal y social acceder a la experiencia de su motivación más profunda y esencial. La mente liberada de los viejos moldes que la contenía (creencias religiosas, ideológicas, legales y económicas) revitaliza una búsqueda esencial en la que no se encuentra aislada, sino junto a otros en que se reconocen como humanidad.

Si de esto se tratara, el espíritu del ser, el sentido, aquello que trasciende el propio yo, está despertando en estas generaciones y conmoviendo al ser humano en la Tierra. El sistema está temblando, está muriendo su último dios, el dinero, y ajusta sus métodos para detener un nuevo fenómeno psicosocial que irrumpió justo cuando se sentía victorioso.

Aunque nos alegremos porque el espíritu está renaciendo en el corazón de cada uno y de todos, hay que reconocer que esta revolución es de los jóvenes. En el paisaje existencial de la juventud no están las iglesias, ni las ideologías, ni los políticos, ni los jerarcas, ni los gobiernos. Sí están la tecnología y la comunicación instantánea. Son ellos la chispa que enciende los nuevos tiempos.

Son ellos los protagonistas de este momento histórico. Así que, si la historia alguna vez “contó con los pobres del mundo”, hoy le abre paso a una juventud para la que ya no existen los esquemas de la modernidad ni la postmodernidad.

Pareciera que asistimos al fin de un mundo y eso hace temblar los cimientos de nuestra psique.

Pero también podríamos estar asistiendo al nacimiento del ser humano del futuro, a la creación de un tipo de sociedad universal inédita hasta ahora. Somos quizás los afortunados observadores de la creación histórica e intencional del ser humano.

Sea que la historia y nuestra propia vida es movida por factores de la economía de producción o de mercado, sea que estamos ante un sistema de creencias y valores que murió y produce un vacío mental que permite el contacto con un nuevo significado espiritual y un sentido trascendente de la vida, serán consideraciones importantes para definir nuestra acción en este momento que nos toca vivir.

Si se trata de un espiral evolutivo, la crisis global probablemente terminará por derrumbar los últimos pilares de las civilizaciones modernas para dar paso a una civilización planetaria imprevisible. Sea cual sea el contexto que consideremos en que nos encontramos tenemos que reflexionar cómo vamos a colaborar como personas y como comunidades en la construcción de la humanidad futura. Somos la condición de origen de los nuevos tiempos y podemos esforzarnos para comprender qué nos pasa y poner lo mejor que tengamos para la construcción humana común.

Hemos sido testigos en las calles de la poesía expresada en letreros de cartón que cada cual confecciona, todos ellos traduciendo una dignidad que sintoniza con el compañero o la compañera de marcha: “No dejamos la calle hasta que valga la pena vivir”; “No era depresión, era capitalismo”; “Una violación no se borra, un rayado sí; una vida no se recupera, lo material sí”; entre muchos otros que muestran algo muy grande que burbujea en cada cartel. Pareciera que una fuerza muy importante hubiera despertado de la profundidad del alma, una fuerza vital que se experimenta junto a los otros y tiñe a la vida de sentido, una fuerza que nos comunica los unos a los otros, que nos hace amar nuestras diferencias y reconocernos como iguales, un sentimiento hermoso de querer lo mejor no solo para los míos, también para los tuyos, un sentimiento de humanidad que está acariciando la razón para encontrar nuevos significados. Ya no es soportable la injusticia, el abuso, la violencia y la discriminación. Ya no es soportable una sociedad que tolera la violencia económica concentrando la riqueza. Ya no se admite dominar a las multitudes por la fuerza o por la manipulación psicológica o química. Ya nadie acepta el desarrollo destruyendo el sistema ecológico. Intolerables también son la violencia sexual, el fanatismo religioso o ideológico.

Parece que un nuevo espíritu está manifestándose en medio del derrumbe de los modelos y esquemas actuales.

¿Cuál es la acción vital para este momento que nos toca vivir? ¿Cómo nos emplazamos personalmente y junto a nuestra comunidad para aportar a la construcción de lo que viene? ¿Qué virtud personal pongo al servicio de lo conjunto para avanzar hacia un progreso de todos y para todos? La generación crítica, la de la inflexión entre un mundo que muere y otro que nace finalmente amaneció. ¿Cómo empujamos en nuestra situación personal y comunitaria, en nuestra situación vital, para que la fuerza que nos está animando siga creciendo, contagiando e inspirando la sociedad planetaria, del bien común, de liberación personal, sin muros ni fronteras físicas o mentales?

Fuente: Pressenza

La normalización de la injusticia

La política actual nos ha malacostumbrado a discursos agresivos, que buscan escandalizar, ser impactantes y arrastrar seguidores, sin importar mucho las consecuencias sobre las personas concretas.

Discursos como el que alerta horrorizado de la supuesta “islamización” de Europa, de una “invasión” organizada de “moros”, que vienen para quedarse con “nuestras cosas”, de activistas de ONG dedicados, supuestamente, a la trata de personas… discursos delirantes que, sin embargo, se nos presentan como verosímiles y, para algunos, totalmente razonables.

Pero no son ni razonables, ni razonados. Porque no se busca contrastar una información que nos tragamos sin filtro…, aceptamos cualquier cosa leída en internet o escuchada en las tertulias de televisión como la máxima verdad autorizada.

Lamentablemente, la xenofobia ahora está bien vista. Y tendemos a creernos lo peor de los “extraños”, “extranjeros” y “diferentes”. Esto es así para los pobres exclusivamente, desde luego, si son ricos y famosos como Messi, no hay objeciones.

Xenofobia no es solo rechazo al extranjero, es rechazo al diferente, en realidad, es rechazo al otro…

Lo justificamos por su forma de vestir, por su forma de orar, de pensar, de sentir… Si les negamos el derecho a vestir como quieran o a desarrollar su cultura con libertad, como hacemos los demás, ¿cómo se van a «integrar»? Yo tengo derecho practicar la religión que quiera o no practicar ninguna, a desarrollar los valores de mi cultura, a votar o defender las ideas del partido que elija… Y ese derecho que tengo yo, ¡se lo quisiera robar a los demás, solo por no haber nacido en el mismo sitio que yo…!

Una actitud xenófoba que incita a saltarse las propias leyes europeas. A no respetar nuestra propia Constitución en su artículo 16 –relativo a derechos y libertades– que especifica: «Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley».

¿Quién soy yo para imponer el molde que a mí me conviene? ¿Quién soy yo para decir a los demás cómo deben hacer las cosas? ¿Y si no lo hacen, excluirlos…?

¿Eso queremos? ¿Una sociedad controladora e impositiva como tantas otras (demasiadas) que existen?

El argumento (si se le puede llamar así) es que otros países lo hacen (discriminan, excluyen, rechazan, incluso, matan). Entonces como otros lo hacen, nosotros también… ¿Qué lógica es esa? ¿Desde cuando lo ideal es compararse con lo peor en vez de ver a dónde apuntan nuestras aspiraciones?

Aspiro a una sociedad que humanice, no violenta, una sociedad que busque el crecimiento de los seres humanos y no la “compensación de la nada”, que aspire a ser mejor cada vez y que impulse sus mejores cualidades y las de los seres humanos que la componemos, que aspire a un conocimiento sin límites, que construya y colabore con la vida…

Pero ponemos la mirada en el otro para no ponerla en nosotros mismos, «el otro es el que tiene problemas», es «el otro el que se muere», son otros los que se ahogan en nuestras playas… Miro cómo mueren los otros y así niego mi propia muerte, porque esa, no quiero ni mirarla… Tomaré pastillas, me darán ataques de ansiedad, me volveré demente… con tal de no mirar a dónde voy, el final del camino.

Si despojamos a los otros de sus derechos, sea con la excusa que sea (su nacionalidad, su color de piel, su género, su condición sexual, familiar, su religión…) nos estamos despojando de nuestra humanidad como sociedad y como personas, destruimos nuestros valores como sociedad democrática «avanzada», para elegir volver a la «barbarie». Una sociedad guiada por el «sálvese quien pueda». ¿Es lo que queremos de verdad?

En cualquier caso, buscar culpables no resuelve el problema ni cambia el destino. Solo nos hace la vida más difícil a todos. Cuando podría ser muchísimo más luminosa si viéramos este mundo como la oportunidad de encontrarnos con los otros y con su rica diversidad.

El futuro se impondrá a los nuevos fascismos


Sasha Volkoff | El auge del neofascismo en Europa lleva ya varios años, desde el Frente Nacional francés, que fue quizás el primero en cobrar relevancia, hasta el reciente despunte de VOX en España, pasando por los gobiernos de Hungría o Polonia, o el más reciente en Italia. Para colmo de males, el mal ejemplo ya se ha extendido a América, siendo punta de lanza el Brasil de Bolsonaro y los EEUU de Trump.

Frente a esta situación, mucha gente se siente, legítimamente, muy preocupada. No es para menos, ya que estos partidos hacen propuestas que son más propias de la Edad Media que del siglo XXI. Por poner el ejemplo que mejor conozco, VOX propone defender a los cazadores y a los toreros, mientras que quiere echar a todos los inmigrantes (ilegales de momento) y quitar protección a las mujeres y a los colectivos LGTB.

Algunos activistas progresistas llaman a resistir o combatir el fascismo. Yo me pregunto cuál es la causa de este auge, porque si no lo comprendemos, tampoco podremos levantar alternativas válidas.

Desde mi punto de vista, este auge es en realidad el síntoma que demuestra que hay un cambio civilizatorio planetario en marcha. Lógicamente, ante un cambio de tamaña magnitud, mucha gente se siente atemorizada. El futuro no está ni mucho menos claro, y las instituciones que otrora ofrecían cierta referencia (sobre todo los partidos y movimientos políticos) no saben hacia dónde orientarse, además de sufrir un gran desprestigio. Los neofascismos son el intento de poner orden frente al caos que representa todo cambio. En esta etapa de la humanidad, cuando el proceso de mundialización ya ha superado las divisiones políticas y geográficas, el cambio que se está incubando es muy profundo, y consecuentemente la reacción también es fuerte.

Este neofascismo actual es la versión occidental del radicalismo islamista que ha ido cobrando fuerza desde finales del siglo pasado. Ambos dicen combatirse entre sí, pero en realidad usan las mismas armas y tienen las mismas propuestas, solo que unos son de un color y los otros de otro. En ambos casos se trata de intentos desesperados por evitar lo inevitable, por poner un orden artificial en una crisis de la cual, no hay ninguna duda, saldrá una humanidad mucho más fortalecida, solidaria e igualitaria. La civilización planetaria avanza hacia la justicia, el amor y la compasión, pero todo cambio tiene su precio.

En este caso, se trata de deshacerse de los viejos ropajes producto del racionalismo moderno, heredado de la revolución francesa, para avanzar hacia una nueva organización social, más justa y descentralizada, a nivel mundial. Así, por un lado, tenemos al poder de turno que busca conservar lo que tiene, y de paso obtener más si puede, y por otro tenemos a un sector importante de la población, completamente abandonado por las instituciones, empobrecido, atemorizado por un futuro que dice que habrá cada vez más movimientos migratorios y cada vez menos trabajo (por causa de la bendita automatización). Buena parte de esta población quiere creer las promesas de los nuevos fascistas y (de momento) los apoya, mientras que de parte del poder, un sector los combate por temor a perder privilegios, mientras que otro sector los apoya, porque al final saben que acabarán favorecidos (y porque también comparten los temores antes expuestos).

Pero los nuevos fascismos no podrán resolver nada, y llegará un momento en que ya no tendrán a quién echarle la culpa; entonces, las poblaciones los irán abandonando paulatinamente. Además, están combatiendo contra un proceso histórico que seguirá avanzando, pese a las dificultades. Los derechos que las mujeres van consiguiendo se irán consolidando y ampliando, la libertad sexual se irá propagando, la automatización nos irá liberando paulatinamente del yugo del trabajo alienante.

Sintetizando, hay un gran proceso mundial de cambio en marcha, y será muy positivo para todos. Lamentablemente, frente a esto hay una oleada de conservadurismo que pretende frenar las ruedas inexorables de la historia; esta oleada está abocada al fracaso, pero por el camino causará dolor y sufrimiento. Combatamos a los adalides del pasado, pero sin perder de vista que el futuro es del ser humano, que superará estos “inconvenientes” pasajeros para continuar con su liberación de las condiciones de origen.

Fuente: Pressenza

Eduardo Galeano: El derecho de soñar

Rendimos homenaje a Eduardo Galeano con este texto escrito en octubre de 1999 en el que proclamó “El derecho de soñar”.

Por Eduardo Galeano

Ya está naciendo el nuevo milenio. No da para tomarse el asunto demasiado en serio: al fin y al cabo, el año 2001 de los cristianos es el año 1379 de los musulmanes, el 5514 de los mayas y el 5762 de los judíos. El nuevo milenio nace un primero de enero por obra y gracia de un capricho de los senadores del imperio romano, que un buen día decidieron romper la tradición que mandaba celebrar el año nuevo en el comienzo de la primavera. Y la cuenta de los años de la era cristiana proviene de otro capricho: un buen día, el papa de Roma decidió poner fecha al nacimiento de Jesús, aunque nadie sabe cuándo nació.

El tiempo se burla de los límites que le inventamos para creernos el cuento de que él nos obedece; pero el mundo entero celebra y teme esta frontera.

Milenio va, milenio viene, la ocasión es propicia para que los oradores de inflamada verba peroren sobre el destino de la humanidad, y para que los voceros de la ira de Dios anuncien el fin del mundo y la reventazón general, mientras el tiempo continúa, calladito la boca, su caminata a lo largo de la eternidad y del misterio.

La verdad sea dicha, no hay quien resista: en una fecha así, por arbitraria que sea, cualquiera siente la tentación de preguntarse cómo será el tiempo que será. Y vaya uno a saber cómo será. Tenemos una única certeza: en el siglo veintiuno, si todavía estamos aquí, todos nosotros seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio.

Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible:

el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones; en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros;

la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor;

el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas;

la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar;

se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y, como juega el niño sin saber que juega;

en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo;

los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;

los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas;

los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos;

los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas;

la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo;

la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero;

nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene;

el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra;

la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos;

nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión;

los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle;

los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos;

la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla;

la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla;

la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda;

una mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú;

en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria;

la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo;

la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: Amarás a la naturaleza, de la que formas parte;

serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma;

los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar;

seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo;

la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero.

Este texto fue extractado del libro Patas arriba. La escuela del mundo al revés, O.N.C.E. Centro Bibliográfico y Cultural C. La Coruña, 18 28020 Madrid Telf.: 915894200 2000 Obra en 4 volúmenes 1ª Edición, noviembre de 1998. Editores, S.A. Príncipe de Vergara, 78. 28006 Madrid, en coedición con C Siglo XXI Editores, S.A. Cerro del Agua, 248.

(*) Eduardo Galeano, nació en 1940 en Montevideo y murió el 13 de abril de 2015 en esa ciudad, es un escritor y periodista uruguayo célebre por su obra “Las venas abiertas de América Latina”, manifiesto contra la explotación de América Latina por las potencias extranjeras desde el siglo XV.

La imposición de la sociedad digital. Postulados robóticos V

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Rafael García Cepas / Una democracia avanzada se mide como tal por el grado de formación y reflexión de sus ciudadanos para desarrollar todo su potencial social; esto es perpetuando el libre pensamiento, la libertad de información y educación, una protección social universal junto con el derecho a la propiedad privada.

Algunos adelantos técnicos son tan rápidos, como las redes telemáticas o la robótica, que superan la comprensión del ciudadano medio, incluso el de sus representantes electos, ya que a veces un exceso de buena fe innovador ignora las consecuencias futuras que a posteriori puedan ocasionar en las generaciones presentes o futuras.

En concreto me refiero a Leyes y Reglamentos que, sin pretenderlo, imponen un sistema o modo de trabajo único, cuando la principal virtud de la democracia es la posibilidad de la libre elección, la variedad y pluralidad de actuaciones como elemento integrador y evolutivo de la cohesión social.

Precisamente nuestros padres constituyentes intuyendo el poder de control de la informática, se esmeraron en proteger a los ciudadanos de posibles abusos, limitando el uso de la informática (que por analogía se extiende a medios telemáticos y a la robótica) a tenor de lo establecido en el artículo 18 de la Constitución Española, para salvaguardar nuestros derechos fundamentales.

El primer paso hacia la imposición de la Administración Publica Electrónica en España, fue inocentemente impulsada por tres leyes: Ley de Firma Electrónica y la Ley de la Sociedad de la Información del año 1999, ampliamente superadas por la actual Ley General Tributaria 58/2003, que estableció en su artículo 98 que “en el ámbito de competencias del Estado, el Ministro de Hacienda podrá determinar los supuestos y condiciones en los que los obligados tributarios deberán presentar por medios telemáticos sus declaraciones, autoliquidaciones, comunicaciones, solicitudes y cualquier otro documento con trascendencia tributaria”. Este paso inquisitivo impone un modelo inconstitucional único de relación con las Administraciones Publicas respecto al administrado ya sea persona física o jurídica, el modelo digital, el documento electrónico y el registro electrónico, que ha sido desarrollado por la Ley de 11/2007 de 22 de junio de acceso electrónico de los ciudadanos a los servicios públicos, que en su artículo 27 refrenda la obligatoriedad del deber de presentación telemática de declaraciones e impuestos tributarios, ignorando el derecho del ciudadano dado por mandato constitucional, a poder presentar en soporte papel cualquier documento en un registro físico, en el presente caso, ante una sede física de una Agencia Tributaria, sin que el ciudadano o profesional o persona jurídica reciba una conexión gratuita a internet, ni reciba un dispositivo electrónico sufragado o subvencionado por parte del Estado para realizar dicha obligación tributaria, un abuso en toda regla e inconstitucional a todas luces.

Esta imposición virtual ya sucede en la Agencia Tributaria desde hace años para las sociedades de capital y autónomos; actualmente la Ley de Administración de Justicia Electrónica del año 2011 ya estableció la obligación de presentación telemática de escritos para profesionales y entes varios, so pena de inadmisión de un derecho como ha refrendado el artículo 273 de la LEC de la reforma del año 2015, que extenderá rápidamente su uso digital a todos los ciudadanos. Al final el voto electrónico se impondrá sin saber si alguien detrás de un superservidor no altere los resultados, perdiendo el encanto de acudir al colegio electoral a votar y relacionarse en la fiesta de la democracia. El control biométrico en pasaportes y documentos de identidad con chips RFID en las salidas y entradas en fronteras de EE.UU. y la UE, con la excusa de control de seguridad en fronteras contra delincuentes y terroristas, no augura un gran futuro de libertades y si el devenir de una gran dictadura.

El segundo diseño hacia una deriva totalitaria de la democracia, es eliminar el dinero físico, con el control del flujo de capitales y del dinero en metálico que el ciudadano puede portar en efectivo, reduciéndose desde los 100.000 euros hasta los 10.000 euros según el caso concreto gracias a la Directiva Europea 2005/60/CE y la Ley 10/2010, de 28 de abril, de Prevención contra el Blanqueo de Capitales y de la financiación del terrorismo, con pagos no permitidos en metálico en negocios superiores a 2.500 euros en negocios. Se han planteado dos objetivos para retirar el metálico circulante: el acoplar un chip RFID al dinero impreso para tenerlo perpetuamente fiscalizado y geolocalizado; o el mejor invento para nuestra próxima esclavitud, el teléfono smartphone o inteligente de última generación que navega e interactúa en Internet, conectado permanentemente y monitorizado remotamente, con el que identificar a su portador y poder ser usado como monedero virtual con la instalación de simples aplicaciones (apps), algo cotidiano que le sale gratis a la Banca para poder operar telemáticamente, ya que ni el Estado ni la Banca pagan por esa conexión a Internet del particular ni subvencionan ese terminal, que corre a cargo del ciudadano.

Próximamente nos venderán en los medios de comunicación que las monedas, nuestro dinero físico es un estorbo o algo anticuado, pero dicho dinero físico es una garantía de la propiedad privada instaurada en nuestro artículo 33 de la Constitución Española, por cuanto que sin dinero físico y solo con monedero virtual, es fácil para el Estado o la Banca controlar la voluntad del individuo; porque si no piensas como el partido gobernante, anularán remotamente tus dispositivos electrónicos y no podrás comprar, ni vender, ni viajar, ni comer, ni entrar en tu domicilio; bloqueado telemáticamente serás un paria natural frente al “tecno sapiens”; el Totalitarismo Electrónico social será una realidad.

Corea del Sur prueba robots para vigilar prisiones
Corea del Sur prueba robots para vigilar prisiones

Otra maquinación hacia el reino de la sociedad digital, es instaurar el uso de humanoides robóticos por funcionarios, cuando se proceda a nuestra sustitución en masa de trabajadores por operarios robóticos (Robotnik 4.0), ya que nunca puede haber un funcionario robótico, al ser una palabra que define propiamente a un trabajo humano de servicio público; me imagino a una unidad robótica deteniendo a un ciudadano y encima con categoría estatal de agente de la autoridad, o dicho de otro modo un policía robot deteniendo a un ciudadano, esto será una acción inconstitucional, por cuanto que el ciudadano tiene derecho a ser atendido por un agente humano como limitación constitucional del artículo 18 de la Constitución Española al uso de la informática/robótica, además de vulnerar el derecho al trabajo humano consagrado en el artículo 35 de la Constitución Española, por cuanto que un funcionario in situ debe proceder a la lectura de derechos y a la detención, otra cosa es que pueda ser asistido por un robot mecánico durante dicha detención, ya que la robótica es una nueva fuente de creación de empleo y de riqueza, pero con límites y matices, surgiendo este nuevo quinto postulado robótico que dicto:

“Un robot o funcionario mecánico siempre deberá ser asistido físicamente por un agente humano para detener a un ciudadano”.

Con esta supervisión humana en la acción retentiva se evitarán atropellos y lesiones a los ciudadanos por una máquina con potestades estatales coercitivas que actúe independientemente o dirigida remotamente por un operador humano, salvaguardando los derechos y libertades humanas, entre otros, el derecho al trabajo del humano frente a los robots, porque es mi derecho a ser asistido por un agente humano o funcionario en recepción o registro de una administración pública a tenor del artículo 103 de la Constitución Española, que nos otorga un derecho especial de relación con las Administraciones Públicas y su personal, no a tratar con una aberración robótica con funciones públicas, además de estar recogido dicho derecho en el antiguo 41 y nuevo 53.1.b) de la Ley de Procedimiento Administrativo Común, que ya establecí como postulado sexto: “El derecho al trabajo es una cualidad consustancial a la persona. Si una máquina inteligente me suplanta laboralmente y me impide desarrollarme, atentaría contra mi ser, contra mi naturaleza y podré exigir que cese de inmediato en dicha tarea o ser indemnizado por ello”.

Concluyo: la imposición no es propio de democracias avanzadas. Como ciudadano poseo el derecho constitucional a relacionarme o ejercitar un derecho como desee ante las Administraciones Publicas, ya sea en soporte papel o digital en registro físico o virtual con una conexión y un terminal sufragado o subvencionado por el Estado, o por la Banca multicanal. Es un derecho constitucional el ser atendido y asistido siempre por un funcionario (humano) no por un robot ante las Administraciones Públicas; derecho al trabajo frente a la futura amenaza laboral robótica inteligente; derecho a portar dinero físico sin chips como bien de mi propiedad privada, con objeto de evitar que el Estado o la Banca se apropien de mi patrimonio con una simple desconexión a la red o cortocircuito digital; derecho a no ser geolocalizado sin control ni razón legal alguna, como ya efectúan las compañías telefónicas. Nosotros decimos si perpetuar nuestra democracia, o permitir gracias a la tecnología, la deriva totalitaria del sistema.

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