Las enfermeras se buscan la vida fuera… y la atención sanitaria sufre en España

CAS Madrid | La demografía y el aumento de las enfermedades crónicas indica que en España tendremos que cambiar el concepto: cuidar será tan importante como curar.

Cada enfermera que sale fuera de España cuesta al Estado algo más de 80.000 euros, el coste público de una carrera universitaria especializada. Pero después no es sencillo lograr una colocación en nuestro país, no porque no hagan falta, sino porque no se han habilitado aún los puestos de trabajo necesarios para que su nivel de empleo y actividad (medido en número de pacientes por cada enfermera) esté acorde con el de los países más desarrollados. En España hay una media de 12,3 pacientes por cada enfermera, mientras la UE recomienda que no atiendan a más de 8 cada una, según los últimos datos de la OCDE.

Esa falta de opciones hace que muchas de las enfermeras que terminan sus estudios en España salgan a buscar su futuro en otros países. Solo en Gran Bretaña hay 7.609 enfermeras españolas trabajando, según el registro del Nursing and Midwifery Council (NMC). Francia e Italia siguen al país británico como destinos preferentes, aunque Alemania ahora es el que más las reclama.

Pero el problema no esta solo el dinero que cuesta la formación dada desde la universidad pública, que siempre es algo positivo a pesar de todo. Lo que ocurre es que, además, la escasez de enfermeras repercute en el índice de mortalidad de un país. Linda H. Aiken, experta en la materia, ha calculado las estadísticas y marca una conclusión que asombra: si el porcentaje del ratio de pacientes por enfermera pasara de los ocho recomendados por la OCDE, a cuatro (la mitad), en las operaciones de cirugía se salvarían cinco vidas por cada mil habitantes. En un reciente Congreso celebrado en Barcelona al respecto, Aiken desveló que por cada paciente que se añade a una enfermera se incrementa la mortalidad un 7%. Y que por cada 10% de reducción en la dotación de enfermería se incrementa la mortalidad un 12%”.

Según un informe de la Comisión Conjunta para la Acreditación de Organizaciones Sanitarias, la inadecuada dotación de enfermeras en Estados Unidos ha representado un factor decisivo en el 24% de los casos en los que algún paciente ha fallecido, ha sufrido una lesión o ha perdido permanentemente una función.

Una realidad incómoda

Borja terminó la carrera en 2010 y sabe lo que es tener contratos de un día en atención primaria. “Me fui a Inglaterra en busca de estabilidad. No todo allí es bueno, pero al menos tienes un contrato de 1.800 euros netos nada más empezar (en España ahí está la media sin antigüedad), eso sí, al principio eres un mero auxiliar de enfermería hasta que te sacas unos cursos de seis meses para poder incluso sacar sangre y hacer la labor real. Mientras, solo impartes medicación oral y es frustrante. Allí llevas a seis pacientes como mucho y creen en una labor social, se preocupan del enfermo durante la estancia y después. En España no te da la vida, yo ahora llevo a 13 pacientes, pero en ocasiones tienes que atender hasta a 20 personas, cuando no más”. Borja no ve una solución a corto plazo. “Al final necesitas experiencia y puntuación para trabajar en España y ante la falta de oportunidades aquí, la única salida es el éxodo fuera”, relata.

Es lo que José Luis Cobos, director del Instituto Español de Investigación Enfermera, califica como el gran reto de la sanidad española. “La atención sanitaria en España está pensada para la atención de enfermos agudos, a un nivel patológico. Pero la nueva situación poblacional, la demografía y el aumento de las enfermedades crónicas indica que en España tendremos que cambiar el concepto: vamos a pasar a cuidar más que a curar. Cada vez tenemos más enfermos crónicos y no hablamos solo de mayores sino de diabéticos, asmáticos… En España los servicios de rehabilitación son defectuosos y lo vamos a pagar, y un dato lo demuestra: se han hecho 3,4 millones de consultas a domicilio en 2017 en el rango de médicos de familia, “de ellos, un 87% eran mayores de 65 años”.

Borja está de acuerdo con esa versión: “Aquí no llegas y acabas tratando a la gente como un número, y hemos estudiado para algo más, para cuidar, para ser humanos. Nada lo justifica, pero de ahí vienen muchos ataques a profesionales, de la ansiedad de ver que a un familiar o a uno mismo no le prestas atención. Y esa capacidad de hacerlo es lo que valoran de nosotros fuera. Al final, el centro de la sanidad debe ser el paciente al que hay que dedicarle tiempo, hablar con él. Al final yo estudié para cuidar a la gente a pie de cama”.

En el mundo industrializado, el 25% de las personas entre 65 y 69 años y el 50% de aquellas entre 80 y 84 años conviven con dos o más problemas crónicos de salud, según la Organización Mundial de la Salud, lo cual requiere más servicios comunitarios y especializados así como más cuidados de larga duración para los pacientes. El gasto anual mundial en salud es de aproximadamente 5,3 billones de dólares, según los últimos datos de la OMS.

La UE nos lee la cartilla por la falta de enfermeras

La falta de personal en enfermería ha provocado que la UE nos saque los colores. Es el punto más débil de nuestro sistema sanitario, según un último informe sobre la OCDE que, por lo general, califica de sobresaliente nuestro sistema. Las ofertas de empleo aumentarán en 2019 bajo amenaza de multa. No hay casi paro entre médicos y enfermeras, pero en este último caso la crisis ha hecho que más de 20.000 plazas no se cubran.

No es el único problema al que se enfrenta la sanidad, “tenemos 17 sistemas de salud diferentes y los políticos no ven más allá de las listas de espera y la tecnología, que es lo que da votos”, señala Cobos. En lo que somos un ejemplo es en el sistema de residencia, que Obama quiso copiar y en la formación que reciben las enfermeras. No es poco. Un aumento del 10% en proporción de enfermeras con título de licenciatura se asocia, según los últimos estudios de los expertos con una disminución del 5% de la probabilidad de que los pacientes mueran dentro de los 30 días de la admisión.

La valoración de los ciudadanos también es alta, ronda el ocho. Y eso pese a que la falta de personal convierte a muchos familiares en enfermeros. Es un error. “Hay pacientes que se rompen la cadera o tienen un ictus y no se hace seguimiento de cómo será en su casa, si están preparados para una nueva vida, y claro, muchos recaen. Al final, cuidar también es ahorrar. Nunca debemos olvidar que trabajamos con personas”. Lo ha vivido Borja en carne propia. Palabra de enfermero.

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