“Los países de Latinoamérica han conformado la región más progresista en lo que es el desarme nuclear”

Pressenza El año pasado en la ONU, después de dos décadas de estancamiento del tratado de la no proliferación nuclear se resolvió formar un grupo de trabajo entre países que estudien las medidas, disposiciones y normas jurídicas necesarias para establecer y mantener un mundo sin armas nucleares.

El pasado agosto, en Ginebra, este grupo de trabajo concluyó su tarea en recomendaciones acerca del desarme nuclear, documento que será presentado en la asamblea general de la ONU.

Para profundizar sobre este hecho conversamos con Carlos Umaña, coordinador de Médicos Internacionales para la Prevención de la Guerra Nuclear, que forma parte de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares. La entrevista se realizó en el ciclo En la Oreja de Pichincha Universal, la radio pública de Quito en el 95.3 FM que se emite cada viernes de 9 a 10 AM.

¿Qué significa esta recomendación del grupo de trabajo, y cuáles serán los próximos pasos en la negociación del tratado de prohibición de las armas nucleares en el 2017?

El grupo de trabajo fue una comisión de la asamblea general para discutir los siguientes pasos a seguir sobre el desarme nuclear, enfocados desde la campaña de abolición de las armas nucleares y la prevención de la guerra nuclear.

El informe final fue el mejor desenlace que pudo haber tenido este grupo de discusión. Ahora la idea es que estas recomendaciones emitidas en el informe se lleven en noviembre al Comité, y sí en esta reunión son acogidas se iniciarían, entonces, las negociaciones, dentro del marco de la ONU, para un tratado de prevención de las armas nucleares.

¿Cómo ha sido la participación de los países con armas nucleares en el foro, en Ginebra?

Propiamente ninguno de los países poseedores de armas nucleares estuvo ahí, los que estuvieron fueron sus aliados, quienes los representaron de forma indirecta. En el foro convocado no se decía explícitamente que se hablaría sobre un tratado de prohibición, el mismo que se ha venido discutiendo desde hace unos tres años.

Los países poseedores de armas nucleares no están de acuerdo en dejar su hegemonía nuclear, entonces no asisten a este tipo de foros y su participación indirecta se da a través de los países militares que no poseen armas nucleares, pero que están cubiertos bajo el llamado paraguas nuclear.

Para contrastar, ¿cómo ha sido la participación de los países de la región?

Los países de Latinoamérica han conformado la región más progresista en lo que es el desarme nuclear a través de la CELAC. Hemos hecho una gran alianza que ha sido contundente, progresiva, y cada vez más fuerte en torno a lo que es el desarme.

Algunos países de la región incluyendo Ecuador y Costa Rica, particularmente, emitieron un documento de trabajo n°34 del que se tomaron las recomendaciones para elaborar el informe por parte del grupo de trabajo de participación abierta. Un documento progresista que al leerlo como activista de la sociedad civil es excelente, ni siquiera lo puedes editar porque está tan bien escrito que refleja, exactamente, lo que queremos en este momento. El documento propone iniciar conversaciones en el 2017 para un tratado jurídicamente vinculante que prohíba las armas nucleares.

En Ginebra hubo una anécdota interesante, en la última sesión del grupo de trabajo, Australia intentó destruir todo lo acordado, ¿qué ocurrió y cómo se logró la aprobación del texto final?

Aquello fue increíble y emocionante frente a cuestiones diplomáticas, que tienden a ser muy tediosas.

El caso ocurrió en una sesión cerrada que no permitió la participación de la sociedad civil,  aquí aparentemente se había negociado un informe con un texto más suave, donde se hacían otras recomendaciones y solo se sugería iniciar conversaciones acerca de un tratado de prohibición.

En este marco, Australia dice que quiere hacer un voto sobre este informe al ya haberlo suavizado, frente a esto, Guatemala dice: “bueno, si vamos a votar, entonces votemos por algo más contundente”.

La mayoría aceptó y se votó el otro texto (el documento de trabajo n°34), pero no el texto que era más blandengue, sino la recomendación para que en el 2017 se inicien las negociaciones para un tratado de prohibición.

Al final, el resultado fue muy interesante: hubo 68 votos a favor, 22 en contra y 13 abstenciones. Y por los 13 que se abstuvieron se pudo ver que los aliados de los nuclearmente armados no actúan en bloque, existe un debilitamiento de ese actuar al unísono.

Además, ha habido mucha presión en países como Noruega, por parte de la sociedad civil para que ellos adopten una posición y actúen a favor del desarme nuclear. Por eso, en lugar de ir en contra de estas recomendaciones, se abstuvieron de votar, lo que fue una buena señal.

Se pudo ver el rompimiento de la unidad de los países nuclearmente armados con una jugada genial de Guatemala al proponer la moción de enmienda y que al final reflejó un resultado excelente.

¿Fue así cómo se pudo ver que estos países aun pequeños, sí pueden mover el tablero?

Este es el principio de multilateralidad, donde todos tienen la capacidad de negociar, en un país y en otro. Estamos hablando del poderío económico, una carta que los países nuclearmente armados no se esperaban como resolución de la asamblea general. El documento obviamente va a ejercer bastante presión debajo de la mesa, todavía no se sabe qué va a acontecer para impedir que llegue a materializarse. Sin embargo, por la fuerza que está teniendo, vemos que será muy difícil que pueda detenerse. La situación del desarme nuclear es bastante optimista porque no se ha visto tal progreso en mucho tiempo.

¿Cuál es el poder del tratado de prohibición del desarme nuclear y por qué tantos esfuerzos invertidos por parte de la sociedad civil?

La prohibición como tal produce la estigmatización, proceso que se ha visto antes, en torno a otras armas de destrucción masiva, las que primero se han prohibido y luego eliminado. Casi como regla general, los últimos en adoptar esa prohibición son los países poseedores. Los que tienen el poder son los últimos en aceptar, porque primero los países en mayoría se ponen de acuerdo que es algo negativo y esa es la presión que ejercen sobre los demás.

La cuestión con la prohibición obliga a los países a adoptar una posición concreta sobre el desarme nuclear (lo aceptan o no). La prohibición tiene varias vetas: en la producción, en la tenencia, en el transporte, en la producción de materiales, en apoyar actividades directa o indirectamente incluso la inversión en armas nucleares.

Las armas existen gracias a unos grupos pequeños muy poderosos que generan muchísima ganancia y así pueden influir sobre los gobiernos. Por ello si se retiran estas inversiones a nivel global, empezarían a perder su poderío. Al final, sin esa presión sobre los otros países es mucho más fácil que se dé la prohibición misma que precede a la eliminación; que es en lo que consiste la estigmatización.

Por todo esto, quienes conformamos la comunidad global de sociedad civil estamos bastante contentos y continuaremos trabajando para que siga el progreso hacia un tratado de prohibición del que estamos cada vez más cerca.

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