Entrevistas Imaginarias: Sócrates

Silvia Swinden • Las Entrevistas Imaginarias a los grandes humanistas de la historia son un intento por recuperar algunas de las contribuciones que hicieron para aportar a los grandes cambios que son necesarios hoy en día, para volver al mundo un lugar más humanizado y no violento. No tienen pretensiones de precisión histórica, pero sí se espera que las personas se sientan inspiradas para investigar más profundamente acerca de la manera de pensar de estas figuras.

Hoy, Sócrates

Aunque es un Sócrates pequeño, con cara de piedra y pálido, viene a la entrevista con su reputación de ser uno de los más importantes fundadores de la filosofía occidental aún intacta.

Pregunta: Vivimos en una época en la que se le imponen fuertes contradicciones a la gente, por lo que a veces es muy difícil pensar, sentir y actuar en la misma dirección. ¿Qué piensas acerca de esta incoherencia, que muchos ya aceptan como algo normal? ¿Una especie de normalización de la contradicción?

Sócrates: Para mí, sería mejor que una multitud de personas estuvieran en desacuerdo conmigo a que yo, siendo solo uno, no estuviera en armonía conmigo mismo.

P: ¿Piensas que la dirección de vida que la gente elige pueda afectar a sus posibilidades de trascender?

S: El que ha vivido como un verdadero filósofo tiene motivos para estar de buen ánimo cuando está por morir, pues puede tener la esperanza de que después de la muerte recibirá el mayor bien del otro mundo.

P: Vemos que los políticos y la gente que piensa que este sistema violento y deshumanizante es el único posible les dicen espantosas mentiras a la gente. ¿Qué puedes decir sobre las consecuencias de estas acciones que recaen no solo en la gente a la que se le miente, sino que también en los que orquestan este escenario de ilusiones?

S: Las palabras falsas no solo son malvadas en sí mismas; también infectan el alma con maldad. No hablar correctamente no es solo dañino en sí mismo; también permite que el mal se meta en el alma.

P: Cuando escuchaste que el Oráculo de Delfos le dijo a uno de tus amigos que tú eres el hombre más sabio de Atenas, tu respuesta fue entrevistar a aquellos que eran considerados sabios, para demostrar que el oráculo estaba equivocado. Descubriste que ellos creían saber mucho, pero sabían muy poco. Entonces, admitiste que era posible que tú fueras el más sabio, porque solo tú estabas preparado para admitir tu propia ignorancia. ¿Cómo relacionas la sabiduría a la ética?

S: Yo no sé nada, excepto lo suficiente para comprender cuando un hombre sabio me da un buen argumento, y recibirlo de manera justa. Sé poco del mundo de aquí abajo, y no supongo saber nada, pero lo que sí sé es que ser injusto y desobedecer a algo mejor que uno mismo, sea un dios o un hombre, es malvado y deshonroso. Nunca le tendré miedo ni evitaré un bien posible prefiriendo un mal seguro.

P: Se te ha acusado de ser impío y corromper a la juventud con tus preguntas filosóficas. A los que cuestionan la injusticia y la violencia, y se dan cuenta de que las nuevas generaciones están listas para elegir una dirección más humanizadora, se les suele hacer estas acusaciones. ¿Vale la pena correr ese riesgo?

S: Ya sea que no los corrompa o que los corrompa sin intención, la acusación es falsa. Si mi ofensa no es intencional, no está penada por la ley; debieran habérseme acercado en privado, haberme advertido y amonestado, porque si me hubieran dado mejor consejo habría dejado de hacer lo que hacía sin intención, sin duda. Sin embargo, odiaban conversar conmigo y enseñarme. Así que me trajeron a esta corte, que no es un lugar para instruir sino que para castigar. Algunos dirán: ¿no te arrepientes, Sócrates, de este modo de vida, que probablemente te llevará a morir antes de tiempo? A éstos les responderé, con justicia: Ahí se equivocan. Un hombre que es bueno en algo no debe calcular si haciéndolo tendrá más posibilidades de vivir o de morir; sólo debe considerar si sus actos hacen el bien o el mal, si está jugando el papel de un hombre bueno o malo… cualquiera sea su lugar, si lo ha elegido él mismo, o si se lo ordenó un comandante. Y allí debe permanecer en los momentos de peligro, sin pensar en la muerte, ni en nada que no sea el honor.

Yo no hago nada más que ir por ahí convenciéndolos a todos ustedes, viejos y jóvenes, de que no le den importancia a sus personas y propiedades, sino que a mejorar su alma todo lo que puedan. Les digo que el dinero no da virtud, pero que la virtud trae dinero y todos los demás bienes del hombre, públicos y privados. Ésta es mi enseñanza, y si ésta es la doctrina que corrompe a la juventud, entonces soy un malhechor.

P: Tú cuestionaste la noción colectiva de que “lo correcto se logra por la fuerza”. Platón te llamó “el moscardón” del estado (por que los moscardones pican a los caballos y los hacen correr, como lo hiciste tú con varios atenienses). Haz irritado a algunas personas con tus conversaciones de justicia y perseguir el bien. Esto te ha traído muchos problemas, ¿ha valido la pena?

S: Alguien dirá: Sí, Sócrates, pero ¿no puedes aguantarte de hablar? Quizás más adelante vayas a una ciudad extranjera. ¿Crees que nadie te detendrá ahí? Me cuesta mucho hacerles comprender mi respuesta a esta pregunta, porque si les digo que callar sería desobedecer una orden divina, no creerían que lo digo seriamente, y si digo que el mayor bien de un hombre es conversar cada día sobre la virtud, y sobre todo lo que hablo con otras personas cuando me examino a mí mismo y a los demás, y que una vida que no se examina no es una vida que valga la pena, entonces me creerían mucho menos que hablo en serio.

Ustedes piensan que pueden evadir las acusaciones que critican sus vidas asesinando a los hombres que los acusan, pero están equivocados; esa no es una manera honorable de escapar. La manera más fácil y noble no es aplastar a los demás, sino mejorarse a sí mismos.

P: Se sabe que te inspira un dæmon (o daimon), una especie de “oráculo interno” o voz guía que te advierte que ciertas acciones o eventos causarían desastres, pero que no te obliga a seguir su consejo. Este guía interno, sin embargo, se mantuvo en silencio durante tu juicio, lo que tú interpretaste como que aceptar la posibilidad de morir es más importante que renunciar a tus convicciones. ¿De ahí viene tu fuerza?

S: Preferiría morir hablando a mi manera, que hablar a la manera de ustedes para sobrevivir. El favor de los dioses me ha dado un regalo maravilloso, que nunca me ha abandonado, desde la infancia. Es una voz, que cuando se hace oír, me insta a no hacer lo que estaba a punto de hacer, y me recomienda no continuar. (1)

Tenerle miedo a la muerte es sólo creer que uno es sabio cuando no lo es, y tener la fantasía de que uno sabe lo que no sabe. De hecho, nadie conoce la muerte, nadie nos puede contar cómo es. Podría ser el mayor beneficio que recibe un hombre, y aun así los hombres le temen, como si supieran con seguridad que es el mayor de los males.

P: ¿Qué piensas sobre el deseo, los deseos del cuerpo, y cómo afectan a la persona y al mundo?

S: … ¿de dónde vienen las guerras, y las peleas, y los bandos? ¿De dónde sino de los impulsos del cuerpo? Porque las guerras ocurren por amor al dinero, y se debe adquirir dinero a causa y al servicio del cuerpo. Como consecuencia de esto, se pierde el tiempo que debiera pasarse haciendo filosofía.

Los hombres malos viven para comer y beber, en tanto los hombres buenos comen y beben para poder vivir. A menudo, al mirar una pila de cosas a la venta, me digo: “¡cuántas cosas que no necesito!”

P: ¿Tienes un punto de vista sobre la espiritualidad, en general?

S: Creo que los que crearon los misterios se referían a algo real, que no estaban diciendo necedades cuando dijeron que los que pasan al otro mundo sin iniciarse ni santificarse vivirán en el barro, pero que los que llegan iniciados y purificados vivirán entre los dioses. Pues “muchos sostienen tirsos, pero son pocos los místicos”, como se dice en los misterios. Creo que esos pocos son los verdaderos filósofos.

P: Sueles decir que dos mujeres influyeron mucho en ti, aparte de tu madre: Diotima, una bruja y sacerdotisa de la que aprendiste acerca del amor, y Aspasia, la maestra de Pericles, que te enseñó el arte de la retórica. ¿Crees que ya es tiempo de promover la igualdad en la educación?

S: Si las mujeres realizarán las mismas actividades que los hombres, se les debe enseñar las mismas cosas.

P: ¿Algunas palabras finales de sabiduría para el público de Pressenza?

S: … ¡el verdadero discípulo de la filosofía suele ser mal comprendido por las demás personas!

Fuente: Pressenza

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