Cotidianidad en Bogotá

Dora Cepeda*/ Bogotá capital de Colombia, con más de 7.000.000 de habitantes, como todas las grandes ciudades de Latinoamérica, esta siendo condicionada para la economía de exportación, impuesta por las grandes empresas transnacionales y cuyas políticas diseña e impone por medio del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Gobierno Estadounidense. Empresas monopólicas que la definieron como un centro de prestación de servicios de salud, (ciudadela de salud), de educación (ciudadela universitaria), financieros (ciudadela financiera) y un puerto seco por el cual circularan las mercancías que venden las transnacionales a Colombia, Ecuador, Pero y Bolivia y de las materias primas y las ganancias que los pueblos de los países Andinos le suministran a dichas empresas.

La cotidianidad de casi 6.000.000 personas es cada vez más precaria y viven en continuo desplazamiento del centro a la periferia empobrecida, donde respiran un ambiente lleno de gases, desechos y ruidos extremos (tercera ciudad más contaminada de América). Los y las bogotanas estamos aromatizados por uno de los ríos más fétidos del mundo, una movilidad caótica, hombres y mujeres que viven en el extremo sur de Bogota y trabajan como domésticas u obreros de la construcción al otro lado de la ciudad, por lo tanto deben dedicar hasta tres horas para desplazarse de su sitio de habitación al lugar de su trabajo; como la mayoría son mujeres cabeza de familia, ellas deben dejar realizados los oficios de su hogar y solos a sus hijos e hijas desde las cinco de la mañana hasta las nueve de la noche. Situación que se agrava con el negocio de narcóticos, trafico de personas y la presencia de paramilitares en 17 localidades (condados) de las 20 en que esta dividida políticamente la ciudad, quienes controlan todas las actividades en los barrios donde hacen presencia y que afecta mayoritariamente a los y las jóvenes entre los 13 y los 25 años, reclutándolos, matándolos, desplazándolos, desapareciéndolos e induciéndolos a la prostitución y a la drogadicción.

La construcción de vivienda es otro factor de caos en la ciudad, además con el lavado de dineros producto del narcotráfico en este renglón de la economía ha elevado exageradamente los precios de la misma y hace a Bogotá cada vez más excluyente. El estrato 6 que garantiza todos los bienes y servicios suntuarios y el estrato 0 que carece hasta del servicio de agua potable y saneamiento básico. Si ha esto le agregamos el impacto que produce el ingreso de 360.000 personas desplazadas forzosamente en lo que va corrido de este siglo, víctimas de la violencia económica y política (conflicto armado desde 1940), el resultado es catastrófico.

La inmensa mayoría de varones y mujeres se encuentra “laborando” en la economía informal o en el rebusque (vendedoras/res en las calles y semáforos de la ciudad, madres comunitarias, recicladores, vigilantes de los vehículos estacionados en zonas públicas, etc.) con muy precaria o sin seguridad social. En Bogotá hay un millón de hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos, ancianas y jóvenes que viven con un dólar diario, produciendo altos niveles de desnutrición. La “mortandad” en la capital es producto de los paseos de la muerte (los o las enfermas que mueren en las ambulancias, mientras son trasladadas de un hospital o clínica a otros, porque no los reciben en ninguno por carecer de dinero o del carné que las acredita como cotizantes de las empresas dueñas de dichos centros de atención médica).

En esta gran urbe, la cotidianidad de muchos de sus habitantes es trashumar de una religión, secta o partido político a otra, prostituirse, dedicarse a la pornografía y/o esperar que los juegos del azar les resuelva la carencia de ingresos para adquirir esas “flamantes y costosísimas mercancías y servicios” que aparecen a diario en los medios de comunicación masiva.

La cotidianidad de la juventud va desde la prostitución, la drogadicción, la vinculación a los grupos paramilitares o guerrillas o la conformación de bandas de delincuencia común hasta la creación de expresiones culturales y organizativas que les van posibilitando una identidad y un futuro.

Frente a valores y cultura, al habitante de la ciudad se le presenta como “ciudadano” a imitar y admirar a los jefes paramilitares (personas que se organizaron y armaron para asesinar, desaparecer y desplazar a dirigentes y activistas militantes de partidos de oposición al régimen, del movimiento sindical, de las organizaciones cívicas y sociales y a los pobladores de las áreas donde se desarrollaran  proyectos estratégico de las transnacionales o se encuentran recursos naturales), ya que son presentados por el Gobierno Nacional y los grandes Medios de Comunicación como héroes nacionales, a los caciques políticos que ganaron las elecciones con la presión de las bandas paramilitares, como víctimas. Lo nuestro frente a lo gringo es malo, perverso, atrasado, ignorante o terrorista. El lenguaje, nuestro lenguaje, un descrédito nacional; el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, prefería como Jefe de Estado en los eventos internacionales o de protocolo, chapucear inglés con acento paisa (de la región de Antioquia) que habar español. Por otro lado, el índice de lectura a caído a su mínima expresión, con el agravante que las estadísticas muestran promedios (una persona lee 6 libros y la otra no lee ninguno, sin embargo, las cifras publicadas son que cada una leyó tres libros, tampoco especifica si los libros que se leen contribuyen al desarrollo o no del ser humano, de la cultura popular, nacional y universal.

La situación de las mujeres en Bogotá

Podría decir que aquí, al igual que en el resto del mundo, la pobreza tiene rostro de mujer. El mayor nivel de desempleo, precarización, desregulación e informalidad en el trabajo y mal remuneradas son las mujeres. Ellas son las más perjudicadas con los altos precios de las tarifas de los servicios públicos o con la carencia de los mismos. En localidades como la de San Cristóbal, Ciudad Bolívar, Bosa, las mujeres nuevamente deben madrugar a lavar la ropa en las quebradas o con el agua por canecas que le venden los negociantes de la misma, porque les han suspendido el servicio del liquido a su domicilio por no tener con que pagarlo mensualmente. Hay mujeres de la periferia que cocinan con baterías viejas de carros que les producen intoxicación. En lo corrido del año 2007, el incremento de los costos de la comida básica popular se han incrementado entre un 8% y un 15%, empobreciendo y pauperizando aún más la cotidianidad de la inmensa mayoría de bogotanas.

A la par que la jefatura femenina se ha incrementado en un 35%, los servicios sociales que presta el Estado y que contribuían a paliar la doble jornada de la mujer se han desmontado y privatizado en un 90%. Otro efecto generado en la población bogotana por la política de ajuste estructural del Estado (neoliberalismo), es la pobreza vergonzante (la clase media que cada día pierde más y más ingreso, pero que, por su condición, oculta su pobreza, disminuyendo drásticamente su dieta alimentaría).

Otro indicador de la pobreza con rostro de mujer, es el incremento considerable de la violencia intrafamiliar en Bogotá, de cada 100 casos que llegan a medicina legal, el 90% son mujeres golpeadas o maltratadas y la mayoría de las veces por sus esposos o compañeros.

Como uno de los objetivos de las políticas aplicadas por el gobierno en mi país, es acabar con toda forma organizativa de la población, las mujeres populares han perdido enormes espacios de participación y decisión (organizaciones Sindicales, de Economía Solidaria, de Mujeres, Barriales, Juveniles, etc.), hoy la vocería de estas mujeres las están asumiendo las ONGs, conformadas por mujeres profesionales o intelectuales, que las constituyen como una forma de vida.

Todas estas tragedias, no impiden que miles y miles de mujeres conjuntamente con los varones de todas las edades y condiciones construyan con paciencia y con un espíritu inquebrantable, organizaciones, redes, convivencias, proyectos, solidaridades y soloridades en las casas, calles, barrios, comercios, veredas, fábricas, plazas de mercado, colegios, escuelas, universidades o cerros y tejen saberes, amores y fraternidades, seres humanos que hora por hora, día por día, año por año trabajan por saberse vivas, por tenerse como personas y ser la base para una Bogotá, una Colombia y un mundo humanizado.

Mi actividad social y política se desarrolla con, para y entre las mujeres, procurar que se reconozcan como sujetas de derechos, que esos derechos hagan parte de los derechos humanos y por la unidad en la diversidad de las mismas.

Inmigración a EEUU y Europa

En cuanto a la inmigración de colombianos y colombianas hacia los Estados Unidos y Europa es bueno resaltar que en los últimos años ha cambiado considerablemente, porque hoy quienes inmigran mayoritariamente son varones y mujeres que han cursado estudios universitarios desilusionados ante la carencia de oportunidades laborales y sociales en Colombia, buscan en los países “desarrollados un mejor vivir”. Inmigración que, para los países receptores es una ganancia del 100%, porque les entregamos una mano de obra educada y capacitada y nosotros que sufragamos los costos de esa educación y capacitación no la usufructuamos. Vale resaltar que en los últimos años, la inmigración de mujeres profesionales se ha incrementado.

El común de la gente colombiana muy poco conoce la situación de los inmigrantes en España. La apreciación que tienen es que allí viajan las personas que transportan narcóticos, que van a ejercer la prostitución o ha realizar los oficios más precarios y peor remunerados; conocen que muchos colombianos se encuentran en prisión. Los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda, Valle y Antioquia, donde mayor gente viaja a España, tienen un concepto de proveedores(as), porque el padre o la madre viaja y deja los hijos e hijas con familiares y ellos únicamente disfrutan de las divisas para vivir sin mayores obligaciones, controles o compromisos con su familia y comunidad.

Por ahora, la esperanza que tengo y por la cual trabajo día a día, es la defensa de la soberanía e independencia nacional frente a cualquier centro de poder extranjero, abogo por un régimen político que haga realidad el Estado Social de Derecho (estado soberano y pluralista), que efectivice los derechos políticos, económicos, sociales, culturales y de género, por una justicia que garantice la verdad, la justicia y la reparación a las víctimas del conflicto interno, por el impulso de un modelo de desarrollo que garantice un crecimiento económico, ambiental y cultural para beneficio e inclusión de todos y todas y responda por la paz, solucionando por la vía de la negociación política el conflicto armado, económico y social que vive mi país por más de cincuenta años, el desmonte total y definitivo del paramilitarismo y sus redes de apoyo, como base sustentadora de la clase en el poder y el diseño y desarrollo de una política responsable, soberana y autónoma  para el manejo del narcotráfico.

Sueño con una Colombia humanista, latinoamericanista, universal, semejante pero diversa, respetuosa de la naturaleza, alegre, tropical, solidaria, solora y vivificante.

* Dora Elisa Cepeda Torres, de 66 años de edad, estudió Derecho, trabajó en la Corporación Nacional de Turismo desde 1970 hasta 2000, hizó parte de Sintracorturismo y actualmente pensionada. Hoy asociada a Corfeinco, empresa solidaria del sector agrario e integrante de su Comité de Educación Nacional, igualmente del Colectivo de Mujeres del Polo Democrático Alternativo, organización política que agrupa a todas las tendencias de la izquierda y personalidades democráticas. También pertenece a la Corriente de Mujeres Sindicalistas de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT. Dora es colaboradora de la Gaceta Intercultural desde su ciudad, Bogotá (Colombia).

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