“Una de cada cuatro niñas podría ser víctima de abusos sexuales”

La psicóloga Beatriz Benavente* (Buenos Aires, 1977) coordina la Red de Ayuda a Niños Abusados, más conocida como Asociación RANA. Esta entidad fue fundada en 2005 por la especialista norteamericana Elizabeth Homberg –residente en la isla de Mallorca desde hace 13 años– en colaboración con Miquela Mas, psiquiatra infantil de Son Dureta.

Miguel Manso, Palma de Mallorca/ No ofrecen tratamiento, pero sensibilizan, orientan y forman a profesionales y padres. Les mantienen alerta. Les dan claves para detectar chavales sometidos a atropellos sexuales.

El aula de una escuela puede juntar hasta cinco víctimas silentes, pequeños, algunos no levantan un metro del suelo. Sus depredadores, en un 95% de los casos, pertenecen a la familia o al grupo de conocidos de los padres. Si la situación es tan estremecedora en Mallorca, qué puede estar sucediendo en los países receptores de turismo sexual.

–A ojos de la sociedad, la corrupción de menores casi resulta peor que un asesinato.

–Y no tiene tanta pena. Su repercusión social debería ser mayor. Es un tema poco estudiado; si lo comparamos con la violencia de género, nos encontramos varios pasos por detrás.

–Pero las estadísticas coinciden en que es tan frecuente como una gripe. Una de cada cuatro niñas la ha padecido. ¿Son cifras exageradas?

–Es más habitual de lo que pensamos. En el caso de los varones, podría afectar a uno de cada seis, que no es poco. Los datos proceden de una investigación realizada en 1995 por el profesor Félix López, de la Universidad de Salamanca. Los estudios posteriores han repetido estos resultados.

–Entonces, en una cuadrilla de amigos hay varias víctimas.

–El abuso sexual tiene un sentido bastante amplio. No nos referimos sólo a las interacciones que implican el tocamiento, sino también a aquellas acciones que no necesitan de contacto físico, como puede ser el exhibicionismo, la exposición de material pornográfico a menores, las insinuaciones… ¿cuántos no habrán pasado por esta situación?

–¿Qué induce a un adulto a actuar así?

–Si lo supiéramos… Un mito erróneo es pensar que son enfermos mentales. Un abusador sexual es una persona socialmente adaptada, tiene trabajo, familia, una vida aparentemente normal. Sin embargo, una alteración de su conducta hace que elija a los niños como objeto sexual.

–¿Pudo influirles su pasado?

–No hay que verlo como atenuante, pero es verdad que el 50% ha padecido carencias afectivas en su infancia o han sufrido abusos o maltrato. Hay un elemento en ellos muy importante: el poder. Tienen la necesidad de sentirse superior, y lo consiguen más facilmente con un menor que con otro adulto.

–¿Es posible su reinserción?

–En España existen muy pocos programas de tratamiento psicológico y, los que hay, son recientes. Se están probando en las cárceles pero, al ser nuevos, no se puede verificar su efectividad al cien por cien. En Balears, la Dirección General de Menores y Familia aplica el programa Atura´t en jóvenes procesados.

–¿Vivir en un mundo tan erotizado puede influir?

–Creo que sí. Está muy bien vivir la sexualidad con libertad, pero a veces damos a los menores una imagen incorrecta. Sucede en televisión, donde se muestra poder, relaciones sadomasoquistas…

–Series como ´Física o Química´ no son las más edificantes.

–Relaciones amorosas entre una profesora y un alumno, relaciones sexuales compartidas, tríos, etc., situaciones que según a qué edades no pueden interpretarse adecuadamente. Lo emiten en horario temprano y además hacen publicidad de ello. Hay padres que no quieren hablar a los niños de sexualidad por temor a que se les despierte con antelación pero, ¿no tienen esta información por otro lado y de manera contraproducente? ¿No es mejor darles una buena educación desde la familia?

–¿Aboga por la autorregulación?

–Hay que ejercer una vigilancia. Creo que nosotros mismos somos los culpables de lo que les está llegando. Por un lado, está internet, donde no se puede controlar todo lo que se sube a nivel mundial. En la televisión y en la prensa sí es factible. No puede ocurrir que los servicios de prostitución incluyan fotos de jovencitas. O que se inserten publicidades de colegialas que no caben en el pupitre. ¿Qué quiere decir esto? ¿Que lo sexy es una niña con uniforme escolar? Una cosa es una fantasía y otra que la vendan en una revista. O los videojuegos carentes de sensibilidad, donde se atropella o mata sin percibir el dolor del otro.

–¿Internet potencia la industrialización del abuso a los menores?

–No quiero ser tan tajante. Internet es fantástico para documentarte, pero hay que tomar precauciones. Entre los jóvenes está de moda colgar fotos y si son sexys, mejor. No saben del peligro que supone. Internet mantiene al pedófilo en el anonimato, le facilita el acceso al menor y propicia el consiguiente chantaje.

–¿Ahora que los jóvenes se inician antes, dónde está la barrera entre un menor y un adulto?

–Por ejemplo, cuando se trata de una niña de 14 y un chaval dos años mayor, consideras que es normal porque están en los mismos intereses. El problema surge cuando se produce la asimetría, no sólo de edad, sino de conocimientos, que dan poder. Eso es lo que tenemos que medir.

–Los estudios dicen que el 60% de los embarazos de adolescentes pueden derivarse de una situación de imposición. Si se aprueba la Ley que permite a las jóvenes abortar sin el consentimiento de los padres, ¿se encubrirán estas agresiones?

–La prevención es nuestra mejor arma, por lo tanto, debemos educar a los jóvenes de hoy y propiciar espacios de confianza donde se les pueda escuchar y orientar. Los abusos sexuales suelen silenciarse y posiblemente esta Ley ayude a que la menor mantenga este silencio con sus padres. No obstante, el profesional que atienda el caso puede ofrecerle una oportunidad para hablar de lo que le está pasando.

–La mitad de las víctimas que se atreve a hablar no recibe apoyo de sus allegados.

–Sólo uno de cada diez lo dice al momento. A veces, cuando son adultos y lo relatan, no les creen. Es una defensa del familiar ante una situación de shock. No puedes creer que te digan que tu hermano está abusando de tu hijo. La negación se convierte en un mecanismo de defensa bastante común entre las madres que, cuando se enteran, no lo denuncian.

–¿Por qué cierran los ojos?

–Por una cuestión defensiva, o porque también están sometidas al agresor y dependen de él. Están bajo esta situación de poder. El abusador es un gran manipulador, no sólo del niño, sino del resto de la familia, haciendo creer que lo que dice el chaval es mentira.

–El concejal Rodrigo de Santos dijo que fue víctima en su adolescencia y que él sabe lo que significa. ¿Los agresores pueden derivar en verdugos?

–No conozco el asunto de De Santos. Por lo que sé, en muchas ocasiones las víctimas pueden convertirse en abusadores. También se da el caso contrario: las hay que protegen a los niños. En cuanto a las mujeres objeto de abusos en su infancia, suelen repetir el patrón en la vida adulta y padecen violencia de género. Aprenden una conducta y se someten a relaciones basadas en el poder.

–¿Los niños suelen incurrir en acusaciones falsas?

–No, los niños no suelen mentir, salvo que estén manipulados por adultos, pero esto salta a la vista. Ha habido casos de separaciones contenciosas donde una de las partes manipula al menor para que mienta en contra del cónyuge. Cuando interviene el psicólogo forense, se ve que es mentira.

–¿El turismo sexual siempre se hace a países tan lejanos como Tailandia?

–Hay una encuesta de Unicef que dice que más de 30.000 españoles viajan cada año para hacer turismo sexual.

–Cuando se habla del tema de los abusos sexuales siempre sale a relucir la Iglesia Católica, ¿son tan comunes?

–También hay casos que no salen y pertenecen a otros ámbitos. Un pedófilo necesita estar en contacto con los niños y busca los centros donde pueda encontrarlos.

–¿Hay profesores que tras pasar por un taller vuestro dicen: ´ahora comprendo por qué se comportaba así el alumno´ ?

–La escuela es el sitio ideal para detectar los abusos sexuales. Es donde pasan más horas libres, jugando…

–¿Hay algo peor para un menor que sufrir un ataque sexual?

–Depende del niño. No todos tienen las mismas secuelas. Depende de si ha habido violencia, el grado de parentesco, la diferencia de edad entre agresor y víctima, el apoyo de la familia al enterarse, si ha recibido un tratamiento psicológico adecuado… No siempre va a quedar marcado para toda la vida. Es muy importante el apoyo social y de la familia.

–¿La divulgación de sucesos puede enrarecer el trato habitual de adultos y menores?

–Espero que no. Para los chavales es muy favorecedor compartir experiencias con personas de otras edades. Cuando una conducta es normal, se nota. Hay una pauta que damos a los niños y a los padres, que es confiar en el instinto. Es como cuando te dan una palmadita, sabes cuándo es de odio o no. No hay que caer en la paranoia porque es muy importante para los menores el contacto con los mayores.

–¿Existen indicadores para conocer si un niño ha sufrido abusos?

–Por ejemplo, resulta muy indicativo cuando el pequeño tiene un lenguaje sexual explícito –hay padres que nos han llamado porque un compañero de su hijo finge una felación– o los dibujos sexuales. También hay que estar atento cuando vuelven a fases ya superadas, con conductas regresivas, como hacerse pis en la cama, chuparse el dedo, el aislamiento, los miedos repentinos a la oscuridad, la vergüenza a desnudarse, cuando no quieren ir con alguien o tienen miedo a los adultos. Son pistas interesantes en la adolescencia el abuso del alcohol o drogas, las depresiones, los intentos de suicido, ya en la vida adulta suelen tener dificultad para relacionarse con sus parejas o el sentimiento de culpa.

* Beatriz Benavente. Esta psicóloga nacida en Buenos Aires ingresó en Rana en 2007. Antes de unirse a esta entidad ha sido psicóloga clínica del Hospital Nacional Posadas, en su ciudad natal; ha colaborado en un gabinete psicopedagógico de una escuela-fundación para niños con discapacidad psíquica leve o moderada; y ha formado parte de un equipo de investigación mallorquín sobre violencia de género.
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