Paz Mental, experiencia con el yoga

Javier López/ Fruto de una larga baja laboral de casi nueve meses de la que se puede decir que ya me he recuperado, tomo un primer contacto con el yoga a través del centro cultural de mi barrio, a mediados de enero, dos veces en semana, al módico precio de 38,90 euros el trimestre y una primera y única cuota de matrícula de 6.60 euros.

La profesora, el grupo que me tocó, casi todas chicas, sólo dos hombres y el ambiente que se generaba en las clases me animó a enamorarme poco a poco de esta práctica tan sana para la mente y el cuerpo que espero no abandonar nunca. Llegando al final del curso me enteré de que habría una pausa larga desde finales de junio hasta el primer día hábil de octubre en que se suspendían las clases por el verano; justo cuando yo le estaba agarrando el gustillo y veía en mí ciertos avances en cuanto a la mejora de la flexibilidad.

Pero la suerte vino a visitarme cuando por un amigo de discoteca, Álvaro, me enteré que había un grupo al que él pertenecía llamado BU.HO. (budistas homosexuales, que por cierto a nadie le preguntan su orientación sexual a la hora de practicar yoga y meditación, aceptándole entre ellos/as como uno más) que cada quince días se reunían y se reúnen, para todos los que lean esto y estén interesados entre las 19 y las 22 horas en el centro Mandala sito en C/Cabeza, 15, Madrid (Metro Tirso de Molina); yo, como soy curioso, me acerqué una tarde de sábado con dicho amigo y me encantó tanto que, hasta ahora, sigo con ellos (en los meses de julio y agosto las actividades se han realizado al aire libre en el incomparable marco del Parque del Retiro, pero en septiembre se vuelve al Centro Mandala).

La verdad es que este centro Mandala, que alquila sus salas para otras actividades y asociaciones, es bastante cómodo, acogedor, se respira un aire especial de calma, a pesar del ruido que pueda haber en las calles que lo rodean (siendo tan bullicioso y marchoso el barrio donde se encuentra) y aunque el lugar es pequeño o lo volvemos aquellos que lo disfrutamos, en ningún momento nos sentimos incómodos en sus instalaciones que ya se han quedado insuficientes para todos los que acudimos allí, hay que aportar una cuota mínima de tres euros por sesión (una insignificancia).

La actividad a desarrollar se vertebra en tres partes:

  • Yoga; impartida por Antonio, un profesor excepcional que ama su trabajo y que lleva muchos años impartiendo clases, actualmente en dos centros culturales de dos distritos madrileños a parte de colaborar con BU.HO., la clase que consta de una hora comienza con una leve relajación que será más larga al final y el grueso de la actividad la ocupan ejercicios que tratan de fortalezer y flexibilizar nuestros músculos para que nuestro cuerpo no sufra tanto en la vida diaria y se mantenga vital y vigoroso en lo posible.
  • Meditación; impartida por Chema Muela, un ser entrañable y encantador que lleva 16 años dedicado en cuerpo y alma a la Meditación Vipassana, más difícil de explicar para un neófito como yo, pero diré, aún a riesgo de no ser exacto, que la podíamos definir como el conjunto de técnicas y herramientas para traer claridad a la mente y paz interior a través de lo que llamamos la atención plena de nuestra mente en un solo punto (abdomen, respiración, fosas nasales…) para erradicar el sufrimiento y traer calma, armonía y felicidad a nuestras vidas.
  • Presentación y comentario sobre sesión de meditación (tercera y última parte) y también dirigida por Chema, pero tras la presentación de cada uno de los asistentes es un debate abierto sobre lo que se ha visto en la actividad de esa noche o cualquier tema que los asistentes quieran formular.

Bien es verdad que la meditación se puede hacer tediosa porque salvo algún comentario de Chema para guiar la práctica y una breve lectura relacionada con el tema se pasa prácticamente uno casi una hora en silencio y eso es algo a lo que no estamos acostumbrados.

Pero yo recomiendo a todo el mundo que sienta la misma inquietud y curiosidad que sentí yo a acercarse al yoga y a la meditación, sin miedo porque les gratificaran mucho sin duda.

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