Aferrarse a la tierra en Yakarta

Protesta en Yakarta. Fotografía: ADEK BERRY/AFP

Marta Garrido/ Salmah no está enterrada por gusto, esto no es como jugar con la arena en la playa. No hay más que captar el resentimiento que transmite su mirada. Y no es por culpa de los niños que la rodean, que ni la han sepultado, ni se están riendo de su desgracia. Al contrario. Ellos la cuidan y custodian para que su reivindicación no sea truncada.
A la asfixia de no poder moverse, tan sumergida en el fango, se le añaden los 38 ºC que alcanza Yakarta (Indonesia) en agosto. Los niños la dan de beber zumos y agua, un bien que la mayor parte de la población sólo consigue de los ríos, lagos y vendedores privados. Lo va a necesitar. Porque Salmah está enterrada por decisión propia. No le ha quedado otra. Y parece que la causa es justa, por lo menos para los vecinos a los que representa en este acto de protesta. Ella y otras cinco personas se han atrevido a poner rostro a la desesperación de noventa habitantes de un barrio de Yakarta a los que el Gobierno quiere desalojar con la excusa de que sus casas fueron ilegalmente edificadas. Y en su lugar planea construir una oficina para los tribunales religiosos. Unas cadenas para atarse serían demasiado caras, así que se han aferrado a esa tierra sobre la que han vivido durante décadas. Lo que han podido reciclar son los cartones de la basura, y así, con un grito mudo y más de tres horas de entierro, han culpado al gobernador Fauzi Bowo y su adjunto, Prijanto, de desalojar siempre a los pobres (04/08/2010).

Fuente: El Correo

 
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