Porque sin nosotras no se mueve el mundo: Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar

Gloria López/ Convocadas por las mujeres de Sedoac, el grupo Cita de Mujeres de Lavapiés y la Agencia de Asuntos Precarios, el pasado domingo, estas mujeres se manifestaron en Madrid para reivindicar sus derechos. Gracias a su capacidad organizativa, y apoyadas en un sentimiento común como colectivo, comienzan a dejar de ser invisibles. Pressenza Madrid.

Organizadas para acabar con la invisibilidad

El día 30 de marzo se ha celebrado el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, un día para uno de los colectivos laborales con menos voz en España. Sindicatos y asociaciones exigen, desde 2007, al Gobierno, la equiparación de derechos de este colectivo con el resto de los trabajadores.

Convocadas por las mujeres de Sedoac, el grupo Cita de Mujeres de Lavapiés y la Agencia de Asuntos Precarios, el pasado domingo, estas mujeres se manifestaron en Madrid para reivindicar sus derechos. Gracias a su capacidad organizativa, y apoyadas en un sentimiento común como colectivo, comienzan a dejar de ser invisibles.

Bajo el lema “Porque sin nosotras no se mueve el mundo”, entre plumeros, tambores y mandiles de lunares, varios centenares de trabajadoras del hogar se concentraron en la madrileña plaza de Jacinto Benavente para reivindicar sus derechos laborales y pedir la equiparación al Régimen General de Trabajadores.

“Estamos aquí unidas en el marco del Día Internacional de las Empleadas del Hogar, que se celebra el 30 de marzo, para pedir la equiparación al Régimen General, pues no estamos amparadas en nuestro trabajo: no tenemos derecho a paro, cobramos salarios muy bajos y nuestros contratos son verbales”, explicó Graciela Gallego, portavoz de Sedoac (Servicio Doméstico Activo), una asociación que nació en verano del 2006 con el objetivo de luchar por la mejora de la situación laboral de las trabajadoras del hogar.

La manifestación transcurrió en un ambiente festivo y alegre, inundando el centro de Madrid de júbilo con pancartas, cánticos, palmas y danzas. Las mujeres se cubrieron de pelucas y delantales reclamando la atención de los viandantes con un pasacalles que hacía suyas canciones infantiles tradicionales, transformadas con letras revolucionarias.

Historia

Son mujeres de distintos países y culturas, creencias y costumbres. Algunas tienen “papeles” y otras no. Y en común, la vulnerabilidad que les otorga unas condiciones laborales precarias. Por eso “hemos decidido salir a la calle juntas, como verdadero desafío al aislamiento y al miedo, como manera de hacernos más fuertes”. Las empleadas del hogar están sujetas a un régimen especial en el que no se aplica ni el Estatuto de los Trabajadores ni el del Trabajo Autónomo. Y, aunque está previsto que Gobierno y sindicatos comiencen a debatir un documento que las integre dentro del Régimen General y amplíe sus derechos, entre los que destaca el derecho a prestación en caso de accidente, lo cierto es que esa negociación se ha visto ya postergada en varias ocasiones. Así lo explica Graciela Gallego, de Sedoac.

El año pasado terminó con unas 300.000 personas afiliadas al Régimen Especial de Trabajadores del Hogar, de las que más del 90% son mujeres y cerca del 60%, inmigrantes. Sin embargo, el empleo doméstico es un sector sumergido, por lo que las estimaciones apuntan a que la cifra real de trabajadoras domésticas duplica al número de afiliadas. Incluso algunas fuentes hablan del millón de personas dedicadas al trabajo doméstico en España. Las trabajadoras del hogar piden la derogación del real Decreto 14/24 de 1985 porque “es obsoleto”, así como el artículo 2 del Estatuto de Trabajadores, en el que se regula el trabajo doméstico como “algo especial”. Para Sedoac, “el punto de partida es la eliminación del régimen especial y la integración de las empleadas domésticas en el general. A partir de ahí, equiparar en todo lo posible sus derechos a los del resto de trabajadores: derecho a la prestación por accidente y por enfermedad, derecho al subsidio por desempleo, a una pensión digna…”

Condiciones Actualmente, para estas trabajadoras las indemnizaciones por despido se sitúan entre 0 y 20 días, frente a las del resto de trabajadores (entre 20 y 45 días). Hay una cuota única de 157,08 euros al mes a pagar a la Seguridad Social, independientemente de la jornada laboral que tenga la empleada. Las trabajadoras del hogar sólo cobran la baja a partir del día 29 y no tienen derechos en caso de que sufran un accidente de trabajo.

Una de las reivindicaciones más fuertes es la eliminación del conocido “pago en especie” que sucede, sobre todo, en el caso de las empleadas que trabajan como internas, a las que muchas veces se les descuenta del sueldo el alojamiento y la manutención. Sin embargo, este parece ser uno de los puntos más complicados.

Con respecto a la prestación por desempleo, de momento estas trabajadoras no pueden acceder. La mayoría de esas personas son trabajadoras extranjeras que laboran más de 60 horas a la semana y que en muchos casos tienen que destinar parte de su sueldo, que oscila entre los 400 y 700 euros, a pagarse la seguridad social.

Mujeres e inmigrantes

No podemos olvidar que este trabajo está pasando de manos de unas mujeres, las de los países del Norte, a otras, las de los países del Sur, haciendo que el problema, lejos de desaparecer, se globalice.

Sedoac habla de acabar con la esclavitud y esta palabra no es exagerada si escuchamos las experiencias de algunas de estas personas que han sufrido el maltrato en varias de las casas por donde han pasado.

El régimen especial de las empleadas de hogar era y es una injusticia “estancada ” en la agenda de sindicatos, partidos y muchos colectivos sociales. Es necesario intentar visibilizar esta situación y que ocupe primera página desde la perspectiva de los cuidados y las condiciones de explotación de las mujeres migrantes y especialmente de las sin papeles. “Realizamos un trabajo digno y queremos que se reconozca”, afirma Graciela. Cierto es que, abriéndose paso ante las condiciones de vida que se les imponen, estas mujeres se reúnen, se organizan, realizan tareas de difusión y protesta y reivindican sus derechos. De este modo, van creando lazos invisibles y fuertes y encontrando un espacio donde mostrarse, expresarse y salir del anonimato.

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