CINE: “Desgracia”, odio y venganza en Sudáfrica

Una escena de la película "Desgracia"
Una escena de la película "Desgracia"

PELÍCULA: DESGRACIA

DIRECCIÓN:  Steve Jacobs

INTÉRPRETES:  John Malkovich, Antoinne Engel, Eriq Ebouaney  

NACIONALIDAD:  Australia-Sudáfrica (2008)

CALIFICACIÓN:    7

F. José Jiménez Rico / Su solo nombre nos adelanta una historia turbulenta en la que el sufrimiento humano se eleva a su máxima expresión.  ‘Desgracia’ es un canto a la infinita sensación de tragedia que ha creado el hombre para sus semejantes, en la que la violencia, el odio y la sed de venganza son los auténticos motores que imprimen sentido a la vida. La historia que muestra es una ficción, pero los personajes son más reales que nunca en este mundo del siglo XXI.  Y Sudáfrica es el país elegido como plataforma para invitar a una reflexión de obligado cumplimiento que no dejará impasible a nadie.

El fin del ‘Apartheid’ liderado por Nelson Mandela logró una equiparación de derechos entre el hombre blanco y la raza negra que había sido maltratada y perseguida durante décadas por los colonizadores y sus descendientes. Pero fracasó en la necesidad de establecer lazos afectivos, de integración y unión entre unos y otros. Se produjo un cambio en los pesos de la balanza de tal forma que los negros empiezan a adquirir poder. Lo notamos ampliamente en una película que, en cierta manera, tiene hechuras de documental.  Silenciosa, pausada, pero desgarradora.

Vemos a la minoría blanca instalada en sus enormes fincas, como siempre ha sido en aquel país, pero ahora temerosa por un futuro que depende sus escopetas y de la seguridad de sus cercados. Siguen mirando por debajo del hombro a los negros, que se mueven al son del rencor acumulado por sus ascendientes y que aplicarán cualquier medida que les permita recuperar nivel de vida y cercenar el de sus ‘enemigos’. La teoría de los vasos comunicantes. ‘Os vamos a matar a todos’, dice un adolescente que no tuvo reparos en violar a una mujer blanca y dejar un auténtico rastro de destrucción en su casa.

Esta mezquindad la asimilaremos a través de la mirada de David, un profesor universitario cesado en su puesto por mantener relaciones sexuales con una alumna, que se ve obligado a trasladarse al campo con su hija. En aquellas tierras remotas quemadas por el sol y azotadas por la ira, pelea contra su vástago y contra sí mismo. Anclado en la tradición, no entiende la practicidad de Lucy al no denunciar la insoportable provocación que sufre de los negros como vía para hacer posible un futuro, aunque no fuera el mejor de los futuros. Deberá apoyarla como forma de asegurar su amor, pero tendrá que rebelarse contra sí mismo y preguntarse si él no hizo lo mismo que aquellos a los que ahora desprecia, en esa universidad donde reconocía sin pestañear que abusaba de alumnas por puro deseo.

‘Desgracia’ es una cinta demoledora por el dramático realismo que desprende. No necesita de grandes efectos para avisarnos de la espiral de violencia que mueve al mundo. De hecho, tan sólo hay una escena, brutal pero cinematográficamente maravillosa, donde se muestra explícitamente; para comprender la complejidad de este tejido social nos bastan esos agobiantes campos habitados por personas que oscilan entre la impotencia y el odio.

El guión elaborado a partir de la novela de J.M.Coetzee seduce con un ramillete de magníficas escenas desbordantes de tensión y maravilla por la imparcialidad de su visión y por la autenticidad de unos personajes a los que no les falta articular palabra para comunicar. Consigue remontar un escaso y mal desarrollo de la historia inicial del protagonista con la estudiante con un firme pulso narrativo, a pesar de lentitud que en determinados momentos ocasiona la carencia de acción y la escasa progresión de los personajes secundarios. John Malkovich esplende en una película necesaria para estimular nuestras conciencias.

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