Fernando Buen Abad Domínguez, analista mejicano

Fernando Buen Abad Domínguez

 

Fernando Buen Abad Domínguez

¿Cuantos gobiernos pueden presumir de semejante compromiso?

Carlos Lucero/ Venezuela/. Tuvimos, en las instalaciones del CELARG, la oportunidad de compartir con el agudo analista mejicano Fernando Buen Abad Domínguez. Él no es un extraño entre nosotros, de hecho es un activo colaborador de TELESUR, en el cual se refleja su pensamiento vivaz y plenamente revolucionario. Evidentemente ejerce la docencia. Le gusta explicar con lentitud su punto de vista, como para asegurarse de que su interlocutor, vaya entendiendo el sentido de lo que expone.

Un asunto de Estado

Sentado entre Maria Alcira Matute, Earle Herrera y Luis B. García, el filósofo mejicano fue enfático y claro: «La cuestión comunicacional debe convertirse en un Asunto de Estado». Aclaró que no podemos postergar ni soslayar, la importancia de la Comunicación, en especial, tratándose de defender una revolución, como ésta, que se esta dando en Venezuela.

Repartir libros en las plazas

Con respecto al festejo en nuestras plazas, repartiendo revistas y libros, Buen Abad no evita sorprenderse: «Los venezolanos vivieron en las plazas Caracas y de todo el país, una fiesta, un poema social de nuevo género, una audacia de quijotadas suculentas, que recorre el mundo. Esta vez, un Ministerio, puso en manos de su pueblo, un hecho cultural que aquí no es nuevo y que a muchos nos enamora. Sin volvernos a-críticos».

A ritmo de salsa

No vaciló en destacar el gesto oportuno e insólito, especialmente para quien viene de afuera, del Ministerio del poder popular para la Cultura y el operativo realizado en las principales plazas de Caracas. Al respecto expresó: «Este Ministerio de Cultura venezolano puso en manos de su pueblo, miles de libros, a cambio de abrazos fraternales, sonrisas a mares y destellos que en los ojos caribeños tienen certeza de futuro socialista. Bajo un sol intenso y un calor revolucionario, sonaba la música que mueve las caderas y los corazones, sonaban las frases alegres, los augurios y los compromisos de lucha». Se estaba refiriendo a los autores, presentes en los quioscos, firmando, los ejemplares que regalaban. Al respecto agregó: «los ministros de Cultura de Cuba y Venezuela, a pleno sol, sudaron la “gota gorda” y pusieron en manos del pueblo, chorros caudalosos de tintas objetivados en una biblioteca fenomenal, que sigue ensanchando las lecturas que, ahora, puede hacer un pueblo liberado del analfabetismo. Esto no debe ser silenciado». Estamos de acuerdo, amigo Fernando.

Democratizar el conocimiento

Entregar gratuitamente títulos editoriales muy diversos, como muchas otras, es una estrategia que democratiza la cultura. Un compromiso revolucionario pactado democráticamente por un pueblo que está decidido a tomar la dirección de su futuro, rumbo a otro mundo mejor que es posible… y urgente. ¿Cuántos gobiernos pueden presumir semejante compromiso? Muy pocos.

La promesa de la juventud

Con palabras emocionadas, agrego: «Había estudiantes, trabajadores… muchachas y muchachos que entre bailes y frescura arrimaron a su casa un bastión del pensamiento que promete saberes y sabores florecientes entre libros. Un derecho cumplido, una responsabilidad en marcha. ¿Cómo explicamos en México que esto si existe, que no es una alucinación dogmática, que es verdad, que si es posible, que lo ordena un pueblo y lo obedecen los Ministros, que ocurre muchas veces, que es un derecho respetado y que está en marcha su perfeccionamiento?».

¿Y que pasa en Méjico?

Como buen mejicano, se siente preso, de alguna manera, de una especie de “envidia” por lo que sucede acá y tan lejos se encuentra su país, de vivir una experiencia, lejanamente parecida. No vacila en calificar a Calderón, como el presidente espurio. Y no tiene pelos en la lengua, Buen Abad, para colocar el surgimiento de la epidemia de gripe porcina, como una perversa maniobra distractoria, destinada a infiltrar y aprobar en el Congreso de Méjico, leyes represivas, que el pueblo mejicano no tuvo ocasión de conocer, debido al estado de temor y repliegue, al que el gobierno lo sometió. Calificó de muy grave la situación de la democracia en este Méjico neoliberal, que se atreve a depositar sobre el pueblo, la culpa de la crisis capitalista norteamericana.

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