El Partido Humanista y Mundo sin Guerras participan el Foro Social de Madrid

Animan a trabajar por el fin de las armas nucleares y por la retirada de los territorios ocupados, y muestran los avances de los preparativos de la Marcha Mundial por la Paz y la NoViolencia.

Ayer sábado, durante la celebración del Foro Social de Madrid en el Patio Maravillas, el Partido Humanista y la asociación humanista “Mundo Sin Guerras”, realizaron un taller sobre las dos urgencias del momento actual: el desarme nuclear total y la retirada de las tropas de ocupación. Asimismo, se presentó el proyecto de la Marcha Mundial por la Paz y la No-Violencia que comenzará en octubre de este año y se invitó a la gente a adherir a ella. Os adjuntamos el texto que se presentó durante el taller.

 

LAS DOS URGENCIAS DEL MOMENTO: DESARME NUCLEAR TOTAL Y LA RETIRADA DE LAS TROPAS DE OCUPACIÓN

 

Buenas tardes amigos,

 

Queremos haceros participes de nuestra inquietud por dos temas que para nosotros son las prioridades del momento actual: el desarme nuclear y la retirada de todos los territorios ocupados militarmente. Aunque son temas distintos, creemos que ahora mismo están muy conectados.

 

Si en la década de los 80 hubo una gran movilización social ante el peligro nuclear, tras la etapa de Gorvachov pareció que el peligro desaparecía. No es así en absoluto y además, sospechosamente, ahora nadie dice nada.

 

No vamos a contar la historia de las armas nucleares, ni dar detalles de la cantidad de bombas de distintos tamaños y potencias que existen: queremos reflexionar con vosotros sobre el particular momento histórico que nos toca vivir y sus graves peligros.

 

Posiblemente muchas personas conocen, o al menos imaginan, el potencial destructivo de los arsenales nucleares distribuidos hoy en el planeta, capaces de hacerlo estallar varias veces.

 

Posiblemente muchas personas conocen, o al menos imaginan, que ningún país del mundo, aunque no fuese blanco directo de un ataque nuclear, quedaría a salvo de las terribles consecuencias del mismo.

 

Pero lo que seguramente la mayoría de las personas no conoce ni se atreve a imaginar, es que la posibilidad de concreción de tales ataques, está en este momento más cercana que nunca. Si se cayera en cuenta de esto, si se tomara conciencia de la gravedad de la situación, este tema debería pasar a ser una preocupación central.

 

Estamos diciendo que llegó la hora de que los pueblos salgan a las calles para torcer el rumbo de los acontecimientos, que hoy por hoy, bajo el descontrol de gobiernos irresponsables, nos están llevando aceleradamente hacia el desastre nuclear.

 

Seguramente, algunos piensan equivocadamente, que el genocidio de Hiroshima y Nagasaki fue una fatalidad irrepetible del pasado, o que el peligro de una explosión nuclear concluyó cuando acabó la Guerra Fría. Sin embargo, durante todo este tiempo, los arsenales nucleares no solamente han ido creciendo en cantidad y potencial destructivo, sino que se han ido sofisticando y han proliferado, al punto tal de poder llegar a ser utilizados por una variedad muy amplia de dementes. Hoy en día, tanto los gobernantes de los denominados “países serios” (principales fabricantes de armas), como los de aquellos países catalogados como “poco serios”, como también algunas organizaciones terroristas, pueden llegar a utilizar estas armas en cualquier momento. Y no solamente pueden, sino que ya han manifestado, explícita o implícitamente, sus intenciones de hacerlo.

 

El despliegue de un escudo estelar en Europa, por parte de USA y sus aliados, no tiene otra finalidad que prepararse para un contraataque (lo que significa que se está pensado en atacar a alguien). La proliferación descontrolada de armas nucleares, y la posibilidad de transportarlas hasta en un maletín, nos dejan también a merced de que caigan en manos del terrorismo (tan irresponsable como los supuestos “gobiernos serios”).

 

Alguna vez se pensó, que con la caída del Muro de Berlín, se entraría en un “Nuevo Orden Mundial”, donde las hipótesis de conflictos bélicos disminuirían sensiblemente. Como en los mejores culebrones propagandísticos hollywoodenses, una vez derrotado el “villano comunista”, la paz y la prosperidad dominarían en el paraíso del “fin de la historia”. A cambio de esto, hemos ido desembocando en un “Nuevo Desorden Mundial”, donde los choques culturales, los fanatismos religiosos, los fanatismos nacionalistas, la xenofobia y el desquicio provocado por el capitalismo globalizado, han multiplicado el caos y la violencia.

 

La prepotencia de USA y sus aliados, para tratar de imponer un modelo cultural y económico hegemónico, no solamente ha generado los desastres propios de la aplicación de tal modelo, sino que, además, ha generado reacciones violentas de toda índole. El creciente apoyo popular a líderes belicistas, y la multiplicación del terrorismo, son algunas de las reacciones que se vienen produciendo en muchos pueblos que se sienten pisoteados por el denominado “Primer Mundo”.

 

Frente a estas reacciones, lejos de retroceder en su prepotencia, los poderes centrales las utilizan como pretexto para atribuirse el derecho a intervenir militarmente cualquier país, con el argumento de la “lucha contra el terrorismo” y la “defensa de la democracia”, a la vez que se van instalando en territorios ricos en recursos energéticos. Desde luego que esta política no hace más que potenciar nuevas reacciones, en un círculo vicioso de violencia que nos llevará al desastre.

 

Como ya anticipara en 1993 Silo, fundador del Movimiento Humanista, en su libro Cartas a Mis Amigos: “El gran capital ya ha agotado la etapa de economía de mercado y comienza a disciplinar a la sociedad para afrontar el caos que él mismo ha producido. Frente a esta irracionalidad, no se levantan dialécticamente las voces de la razón sino los más oscuros racismos, fundamentalismos y fanatismos”.

 

Hoy ya no existen fronteras para esta violencia, porque tanto las potencias militares como el terrorismo, consideran al mundo global como un único campo de batalla, y ningún país está exento de la misma.

 

Hoy la humillación cultural, la falta de futuro y el sometimiento económico, están produciendo un creciente ejército de seres que sienten que ya no tienen nada que perder, y que están totalmente dispuestos a inmolarse en un atentado terrorista contra cualquier objetivo, que para ellos represente a ese “primer mundo” de unos pocos privilegiados.

 

Hoy, la imperiosa necesidad de mantener por la fuerza su poder político y económico, hace que algunos líderes de los países centrales, que responden a los dictados del gran capital (ligado en muchos casos al complejo militar industrial), justifiquen ante su pueblo nuevas invasiones y masacres en otros países, con argumentos de seguridad nacional y defensa de un estilo de vida.

 

Pero a este hoy, de por sí terrible, puede seguirle un mañana mucho peor. Porque el actual colapso financiero internacional, que no es más que el estruendo de un sistema económico que se cayó hace tiempo, potenciará aún más la violencia y el desorden, poniendo a la humanidad al borde de la catástrofe nuclear.

 

La formidable crisis económica actual, valga decirlo, fue total responsabilidad de los “países serios”, y no fue prevista por sus “sesudos analistas y formadores de opinión”. Esto nos hace sospechar, que un futuro desastre nuclear, difícilmente será previsto o controlado a tiempo por semejantes irresponsables e ineficientes personajes, que se atribuyen el derecho de manejar el mundo.

 

Mucho se habla ahora, al agudizarse la crisis, de la decadencia de algunas potencias económicas como USA, presuponiendo que la única implicación de ello será que tendrán que ajustar sus niveles de consumo. Lamentablemente para el mundo, cada vez que algunas potencias comenzaron a perder poder y se desestabilizó el tablero político mundial, se desembocó en un desenlace violento. Las dos guerras mundiales del siglo XX son una muestra de ello. Pero esta vez la humanidad no puede permitirse un nuevo “desenlace natural violento”, como consecuencia de la interacción de las desordenadas fuerzas del poder económico, y de la violencia de los ejércitos imperiales, o del terrorismo. La humanidad no puede permitirse un nuevo desenlace bélico; en primer lugar, porque de una vez por todas es necesario ponerse de pie y salir de la prehistoria humana. Y en segundo lugar, porque la proliferación nuclear combinada con el desorden y la violencia crecientes, debiera hacernos recordar aquella frase de Einstein:

 

“No sé con qué armas se luchará en la tercer guerra mundial, pero sí sé con cuales lo harán en la cuarta guerra mundial: con palos y con piedras”.

 

¿Y qué se debe hacer?

 

Son numerosos y profundos los cambios que este mundo y esta sociedad necesitan; transformaciones profundas en lo político, en lo económico, en lo social, en materia de salud, de educación, de medio ambiente, y una extensa gama de materias.

 

Es mucho lo que hay que transformar para superar la violencia en todos sus aspectos: la violencia física, la violencia racial, la violencia sicológica, la violencia religiosa, la violencia económica, y tantos tipos de violencia que existen en la sociedad.

 

Pero para poner en marcha un definitivo proceso de cambios, y para llegar a tiempo con las soluciones, es prioridad número uno desactivar la bomba de tiempo que hoy está a punto de estallar.

 

Y para desactivar esa bomba de tiempo, es imprescindible comenzar ya mismo con el desarme nuclear de todos los países que poseen ese tipo de armas, y es condición necesaria el inmediato retiro de las tropas invasoras de los países ocupados: empezando por Iraq y Afganistán.

 

Nada será posible si no se comienza por eso.

 

Sabemos que desde el punto de vista económico es complejo, pues desde la lógica del sistema actual cualquier vía de enriquecimiento es lícita sin importar que el negocio de la guerra exija demanda; o sea, necesita guerras y si no las hay las crea. No hace falta poner ejemplos. Además de cara a la opinión pública el argumento es claro: si dejamos de vender armas va a haber más paro. Esto además de cínico es falso. Vayamos a la historia reciente.

 

La antigua URSS, que realmente inició el esfuerzo del desarme y la reconversión de la industria bélica (en la etapa de Gorvachov) se encontró con muchísimos problemas que revelan hasta qué punto estaba inserto el armamentismo en la economía y en la estructura del Estado. Sólo para dar un ejemplo del nivel de especialización que la producción de armas nucleares y de misiles requiere, la URSS se encontró con un millón de técnicos sin aplicación en otros sectores de la vida laboral. Desocupados y necesitados de una nueva capacitación que demandó tiempo y dinero.

 

La inserción del armamentismo en la economía es el asunto más complejo del desarme porque se trata de una interacción entre armamentismo como producción que da empleo y armamentismo como medio para alcanzar objetivos político-ideológicos mediante la vía militar. Es posible romper ese encadenamiento y aislar el armamentismo de una economía que fue calificada como “de muerte” por algunos analistas.

 

A lo anterior hay que agregar que los objetivos políticos de los estados han cedido ante la primacía militar, en general y en particular cuando va unida a objetivos económicos como la apropiación de recursos naturales estratégicos. Es el caso de las guerras que los Estados Unidos desataron en el Golfo Pérsico.

 

Se trata de problemas no irresolubles. Hay que planificar la reconversión del “complejo militar industrial” en un proceso gradual y no traumático. Pero está claro que es una tarea imprescindible y urgente.

 

Ya la sola existencia de los arsenales nucleares, implica una posición de fuerza y un chantaje desde algunos países hacia el resto, imponiendo relaciones de dominación, que se traducen en lo político y lo económico. La fuerza disuasiva de las armas nucleares, que durante la Guerra Fría servía para mantener un delicado equilibrio entre las dos superpotencias, hoy sirve para tratar de imponer determinadas reglas del juego internacionales. Pero en la medida que los centros de poder sientan que pierden el control y la hegemonía internacional en lo político y lo económico, creerán necesario hacer gala de su poder destructivo, para que el mundo vuelva a estar bajo su dominio. Y la consecuencia necesaria de todo ello será un mayor recrudecimiento y globalización del terrorismo.

 

Por eso es necesario que las potencias nucleares sean las primeras en dar el ejemplo y retroceder en la carrera de la violencia y el armamentismo. Y eso no es otra cosa, en primer lugar, que desmantelar los arsenales nucleares y retirarse ya mismo de los territorios ocupados.

 

Eso es lo que debieran hacer los gobiernos. Pero ya sabemos que en este sistema de democracias formales y mentirosas, rara vez los gobiernos hacen lo que los pueblos necesitan. Excepto que los pueblos se pongan de pie para exigirlo, y para cambiar a los gobernantes de ser necesario. Por lo tanto, cuando hablamos de lo que se debe hacer, debiéramos decir más bien, qué es lo que los pueblos deben exigirle a los gobiernos que se haga.

 

Desde luego que un gran desafío al respecto, lo tienen los pueblos de los países que poseen armas nucleares. Comenzando por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (supuestos garantes de la paz), y que son USA, China, Gran Bretaña, Rusia y Francia; acompañados por el resto del club nuclear: Pakistán, India, Israel y Corea del Norte.

 

Pero para que los gobiernos de esos países desmantelen sus arsenales nucleares, y para que ningún otro país los construya, será necesario hacer oír el clamor de todos los pueblos del mundo. Porque todos los habitantes del planeta somos rehenes de la amenaza nuclear, y reclamamos nuestro derecho a vivir en paz y libertad, y no se vive en paz ni en libertad cuando se vive amenazado.

 

Y desde luego que a partir del desarme nuclear y del retiro de las tropas de los territorios ocupados DE TODOS, debiera iniciarse un desarme general progresivo de todo tipo de armamentos. Hay que reconvertir la industria bélica, la industria de la muerte, en una industria para la vida. Baste decir que con el 10 % del presupuesto mundial destinado a las armas, se podría resolver el hambre en todo el planeta.

 

Y desde luego que mientras la amenaza de la guerra y la destrucción se aleje, habrá que hablar también de ir resolviendo de modo no-violento, los problemas de injusticia, de pobreza, de salud, de educación, de medio ambiente, y tantos otros. Esta es al menos nuestra postura como Humanistas.

 

En todo caso es imprescindible que todos nosotros, con independencia de nuestra visión política o social, nos movilicemos con urgencia para exigir a los gobiernos el desarme nuclear total de inmediato.

 

 

 

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