Culmina el Foro Humanista Europeo de Milán

Con diversas actividades como paneles, mesas temáticas, eventos artísticos, etc., se desarrolló, los días 17, 18 y 19 de octubre, el Foro Humanista Europeo en Milan, Italia. El Portavoz Humanista para Europa, Giorgio Schultze, habló sobre armamentismo, no violencia y anunció la Marcha Mundial. Ofrecemos a continuación su discurso.

 

Intervención del embajador de Bolivia
Intervención del embajador de Bolivia

 

 

 

 

 

Queridos amigos,

Quisiera compartir con ustedes algunas reflexiones de quién ha tenido la suerte de atravesar este mundo y de vivir esta época extraordinaria para la humanidad.

Son innegables los progresos cumplidos en esta región en algo más de un siglo y medio de historia, así como son innegables las laceraciones, los sufrimientos, las violencias padecidas e infligidas.

No hay duda que un sistema, por cuanto formalmente democrático, que se sostiene gracias a la inequidad y a la desproporción en la distribución de la riqueza, que mina en la base los fundamentos de la cohesión social, que niega los derechos fundamentales de las personas como la salud, la educación, una vejez serena, que engendra todo tipo de discriminación y racismo, que agota sus recursos, que envenena el medio ambiente, antes o después está destinado al fracaso.

La caída de las Bolsas y la bancarrota de los mercados financieros son el indicador más evidente y completo de una crisis estructural de alcance epocal que desde hace años se vislumbra en el horizonte.

Si fuéramos un poco cínicos nos pondríamos en la ventana a observar “el desastre” producido por quien se sintió un triunfador y portador de un modelo imperial “globalizante” y esperaríamos con serenidad la conclusión de esta loca carrera.

Pero como ciudadanos de este mundo estamos profundamente preocupados, porque no está claro que la respuesta y la salida a la crisis vayan en la dirección esperada.

Nos preocupa que la respuesta a esta crisis económico-financiera y a los desbordes sociales que inevitablemente provocará (y que ya está provocando) en vez de transformarse en equidad y justicia social y en reequilibrio ambiental y redistribución de los recursos, se transforme en chantaje armado contra la población.

Nos preocupa que las fuentes energéticas y los recursos hídricos, en vez de ser tutelados y protegidos como “bienes comunes de la humanidad”, sean controlados y amenazados con un arsenal nuclear capaz de hacer “saltar” el planeta 25 veces. ¿Pero no basta una sola?

¿Y quién podría parar el dedo de quién a “modo de prevención” tuviera que decidir provocar una mini-catástrofe nuclear, también sólo “demostrativa”?. En esta guerra, como en todas las guerras, no habría ni vencidos ni vencedores, sino solamente muertos. Y como dijo Gandhi: “¿qué diferencia hace para un muerto si la loca destrucción es forjada en nombre del totalitarismo o bajo el sagrado nombre de la libertad y la democracia?”

¿Cómo podemos desarmar las cabezas nucleares ahora? ¿Cómo podemos desactivar la violencia? ¿En qué imágenes podemos inspirarnos en un momento tan difícil, donde todo se presenta tan acelerado que parece que no hubiera más tiempo para pensar, sentir y actuar en forma coherente, en forma “noviolenta” ?

¿Cómo podremos empezar a dar respuestas diferentes nosotros “civilización occidental”; que desde el Código de Hammurabi (18° siglo A.C.) consideramos la venganza y el castigo como las únicas formas de justicia, y nos alimentamos del principio “ojo por ojo, diente por diente” o “mors tua vitae mea”?.

Con este modo de ver el mundo, con esta tensión de fondo en el estructurar las relaciones con los otros, ¿cómo podremos reorganizar la sociedad, la economía, la política de esta región, basándonos en principios de solidaridad, subsidiariedad, cooperación y reciprocidad?

Desde hace siglos, las tribus Bantú, Zulú, Xhosa transmiten de padre a hijo el concepto del “Ubuntu”: “la unión universal que une a la humanidad entera “, un tipo de red invisible que sustenta la vida, donde todos nosotros estamos incluidos y el principio conductual que deriva: “umuntu ngumuntu ngabantu”, “tú eres a través de los otros”.

Si alguien maltrata, hiere, mata a otro, irrita, lacera el Ubuntu. Tú no puedes, por venganza, rabia o desesperación, maltratar, herir y matar a tu vez, porque actuando así lacerarías más la herida; más bien tendrás que hacer algo para ayudarte a tí mismo y al otro a repararla.”

Un principio parecido a aquel indicado en el Talmud, el Texto Sagrado de los Judíos, asì como en el Corán, texto sagrado del Islam: “Quien quiera que destruya una sola vida es tan culpable como si hubiera destruido el mundo entero, y quien quiera que salve una sola vida tiene tanto mérito como si hubiera salvado al mundo entero.”

Un principio en la base de todas las religiones y culturas universales, del hinduismo del Mahabarata, al Cristianismo del antiguo Testamento, de Confucio a Buda, de Séneca a Voltaire. Una regla, la Regla de oro, “trata a los demás como quieres ser tratado”que si de veras fuera aplicada hasta sus últimas consecuencias representaría esa revolución epocal, del “Nuevo Humanismo” al que aspiramos.

Una concepción no punitiva sino reparadora, una acción no vengativa sino de reconciliación, actos no contradictorios sino unitivos y válidos dirigidos a otros y que al final nos “premian” a nosotros mismos.

Para que la noviolencia pueda triunfar, además de los principios conductuales y las acciones tendremos que hacer presente otro atributo: la Verdad.

Mucho de lo que ha ocurrido en este último siglo de historia humana se ha desarrollado bajo la insignia deformante de la mentira, de la manipulación de la información, de la creación de miedos colectivos para fomentar la reacción ciega, o peor todavía, para quitar la esperanza.

Retomando lo que dijo Zaratustra, hace más de 3.000 años (“Piensa bien, cumple buenas acciones, dí la verdad”), Gandhi nos ha enseñado el Satyagraha, palabra compuesta, que deriva del sánscrito (satya = verdad) y graha (agarrarse fuertemente). Agarrarse fuertemente a la “verdad”, para poder sustentar el Ahimsa, la noviolencia.

Es ésta la más alta y difícil misión de la acción noviolenta: llevar a la luz la verdad y desgarrar el manto tenebroso de la mentira, crear conciencia.

Muchas personas, también aquí presentes entre nosotros, nos han enseñado, en el momento del luto y el drama de la pérdida violenta de una persona querida, que lo que lleva a la justicia no es la venganza sino la búsqueda de la verdad. Y han demostrado que la justicia no tiene sólo un sentido pleno en el respeto formal de los Códigos, sino que sobre todo se dará a la conciencia la señal de que se puede abrir un camino hacia la reconciliación.

Como ha hecho el papá palestino a quién han asesinado el hijo de 10 años, cuando ha decidido, después de tres noches de tormentos y agonía, en pleno contraste con los “códigos” de su comunidad y la comunidad “hostil”, donar los órganos de su hijo a cinco niños hebreos, a quienes ha salvado la vida.

Como ha hecho la mamá del soldado hebreo asesinado en el Líbano, al hallar el sentido de la vida y abrir, en una pequeña tierra de frontera, un hospital para curar a niños palestinos con médicos israelíes, derribando los muros entre los extremos y en las conciencias.

Como hemos hecho con algunos jóvenes de la República checa y de Italia, con manifestaciones y huelgas del hambre para revelar al mundo un proyecto secreto de muerte como es el escudo espacial americano.

Como está haciendo un grupo de chicos de Palermo, que han construido, primero una y ahora cuatro guarderías y escuelas multiétnicas, para enseñar que un diálogo entre las culturas es posible y necesario o que es posible decir “¡adiós, chantaje! “.

Sabemos que la acción noviolenta necesitará de mucho coraje y de persistente paciencia.

Este camino hacia la noviolencia no surge espontáneamente, tal como no surge espontáneamente el camino hacia la reconciliación. Ambas demandan una gran comprensión y que se introduzca dentro de cada uno de nosotros la repugnancia física y mental hacia la violencia.

La humanidad, el ser humano, cada persona necesita superar el dolor y el sufrimiento, necesita encontrar nuevos caminos de reconciliación, necesita experimentar compasión frente al que se halla en dificultad, necesita hallar la sonrisa pensando en el futuro.

¿De qué hablarán los Niños de Ubuntu cuándo lleguen a tener nuestra edad?
¿Todavía de discriminación y racismo?

¿O bien hablarán como Constructores y Embajadores de la nación humana universal?

Los ideales de un mundo no se inician por decreto, sino con la práctica, en el empeño cotidiano, en los ámbitos donde nos toca vivir y trabajar y en los que cada uno tiene que luchar para conseguir cambios positivos.

Es necesario un salto de la conciencia, un cambio epocal en concebirnos a nosotros mismos y al mundo que nos circunda como una estructura única, una red invisible que nos une.

Una red invisible que nos une a quien vive, a quien nos ha precedido y a quien ha tenido el coraje de abrir el camino y la paciencia de esperarnos en este cruce de la historia.

¡Estamos a punto de iniciar la larga Marcha de la Paz y la Noviolencia!

Tú y yo, atravesaremos el Mundo con un mensaje de Nueva humanidad.

Tú y yo atravesaremos este mar borrascoso, con los barcos construidos con tenacidad e intencionalidad.

Tú y yo atravesaremos descalzos las frías cadenas montañosas para hallarnos en las acogedoras Ciudades de los Constructores de Paz, Tú y yo iluminaremos esta noche infinita de la Prehistoria Humana, con las antorchas de la paciencia y las hogueras del coraje, en espera del alba de una verdadera, nueva Historia Humana.

Ya muchos están esperándonos: Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Henry David Thoreau, León Tolstoy, Albert Einstein, Betty Williams y Mairead Corrigan, Patrice Lumumba, Nelson Mandela, Aung San Suu Kyi, Rigoberta Menchú…

Y muchos otros están alcanzándonos con sus banderas de Esperanza, movidas por el suave aliento de la Libertad.

Y como me dijo Silo un poco de tiempo atrás: “No temas. Ama la realidad que construyes y ni siquiera la muerte detendrá tu vuelo.”

Giorgio Shultze

Portavoz del Nuevo Humanismo en Europa

Intervención del Giorgio Schultze
Intervención del Giorgio Schultze
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