Alimentar a los coches o alimentar a las personas

biodiesel
 
Olga Pardo*/. ¿Qué tienen que ver “cambio climático”, “biocombustibles”, “subida de los precios”, “hambruna global”…? Los biocombustibles surgen, en principio, como alternativa ecológica al petróleo, sostenible, no contaminante, la gran solución al cambio climático… pero ¿es así realmente?
Los productores (EEUU, Brasil, Europa) ven en la producción de biocombustibles una oportunidad de desarrollo y una solución al cambio climático. La FAO y otros organismos internacionales alertan del aumento del precio de los alimentos y del peligro de desforestación para crear nuevos campos de cultivos.

Los biocombustibles, ¿solución o amenaza?

En qué consisten

Los biocombustibles son carburantes que derivan de la biomasa (vegetales o deshechos metabólicos) y pueden ser de dos tipos: bioetanol, un alcohol de origen vegetal que se fabrica a partir de materias ricas en azúcares o en almidón como, por ejemplo, la remolacha, la caña de azúcar o los cereales. Dadas sus propiedades químicas puede sustituir o mezclarse con gasolinas de origen fósil. Sus principales productores y consumidores son Brasil y EEUU.

El otro ecocombustible es el biodiesel, que se obtiene a partir de materias primas renovables, plantas oleaginosas (colza, girasol, palma…) o aceites vegetales usados. Ésta es la apuesta de Europa, cuyo principal productor es Alemania (63% de la producción).

Las ventajas

 Se defiende que su impacto medioambiental es menor (elimina emisiones de CO2) que el de los combustibles fósiles. Son renovables, a diferencia del petróleo, que es un recurso limitado.

Aunque las verdaderas razones irían más bien por buscar formas de energía no dependientes del petróleo y lograr una autonomía de los actuales productores, por otro lado, enemigos políticos de occidente (Venezuela, países árabes).

También estarían interesados en el desarrollo de los biocombustibles las industrias automovilística y la de cultivos transgénicos. La primera busca mantener la venta de coches y dar una imagen “ecológica” del automóvil. La segunda buscaría dar salida a su stock de alimentos transgénicos, rechazados por el consumidor.

Inconvenientes

Algunos estudios apuntan a que no habría terreno cultivable suficiente. Por ejemplo, en EEUU toda la superficie cultivada de maíz actual sólo podría cubrir el 12 por ciento del consumo de gasolina estadounidense.

Investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología del Medio Ambiente de la Universidad de Barcelona explican que el uso de biocombustibles tiene un impacto negativo económico, social y medioambiental. Veterinarios sin Fronteras denuncian que la producción conlleva un consumo de energía mayor que el que se genera.

Aunque sobre el tema de la producción hay cierta controversia, si se tiene en cuenta que los cultivos destinados a combustibles deben ser masivos para ser rentables, requieren energía fósil, pesticidas, alto uso de fertilizantes, agua… finalmente, el balance energético se inclina hacia el lado negativo.
La supuesta independencia del petróleo no es tal, ya que se necesita para la producción, riego, transporte…

Las consecuencias

La demanda de biocombustibles va en aumento. Si se necesitan más campos de cultivos o estos se desvían para el consumo de los automóviles, ¿qué pasa con los alimentos? ¿Habrá que elegir entre los coches o las personas?

Parece que sí. Desde hace dos años los precios de los alimentos han ido aumentando, alcanzando un incremento del 80%. Subida que afecta con más dureza a los países en vías de desarrollo, frenando su crecimiento económico y llevando a hambrunas masivas de carácter global.

Han subido la harina, el maíz, la soya, el arroz, el aceite, la leche, la fruta y la verdura fresca. El precio del trigo se incrementó en un 181% en tres años. El arroz subió hasta un 50%. En México, la tortilla de maíz, alimento básico, subió hasta un 30%.

Dos terceras partes de la población del planeta viven en condiciones de pobreza y desnutrición crónicas, a esto sumamos la subida de los granos, los alimentos básicos y los piensos para animales resultando un agravamiento de la crisis alimentaria.

Esta escasez ha llevado a disturbios en Kenia, Senegal, Guinea, Burkina Faso, Camerún, Egipto y Haití. En Bangladesh, a finales de abril, unos 20 mil trabajadores textiles (la principal industria del país) iniciaron protestas por la subida de alimentos y demandaron subidas salariales. En Costa de Marfil miles de personas marcharon cantando “tenemos hambre”.

Huelgas y enfrentamientos han tenido lugar igualmente en Perú, Bolivia, México, Indonesia, Pakistán, Filipinas, Tailandia, Etiopía y Yemen. Además de toda el África Subsahariana.

Según el director General de la FAO, Jacques Diouf, “existe el riesgo de que esto se extienda porque las causas son las mismas”: la expansión de los biocombustibles, la especulación en el mercado de materias primas y los subsidios a las exportaciones de la Unión Europea, que significan que Occidente es el mayor responsable de la hambruna que tienen que enfrentar los países emergentes.

Otros peligros

La ONU alerta de la posibilidad de que aumente la deforestación si se habilitan sin control nuevas áreas para los cultivos destinados a biocombustibles.

Los pequeños agricultores pueden verse perjudicados, desplazados de sus tierras, sustituyendo las pequeñas cosechas por los monocultivos, desapareciendo la biodiversidad…

Conclusión

La paradoja de los biocombustibles es que verdaderamente podrían ser una solución, pero el problema es que no van a la raíz: un sistema de consumo, producción y transporte claramente insostenible.

Simplemente cambian un combustible de origen fósil por otro vegetal. Pero no tocan los hábitos de consumo, no cuestionan los sistemas de producción intensivos, ni las leyes implacables del mercado todopoderoso -recientemente, Juan José Daboub, director del Banco Mundial, descartó intervenir para detener la subida de los alimentos y acabar con una crisis que, según él, durará dos o tres años más, una crisis que ha empujado a la pobreza a 100 millones de personas-. No se potencia la diversificación de fuentes de energía, se apuesta por una sola.

Se proponen también soluciones de parche, como comer menos carne o donar dinero a organizaciones solidarias. O aumentar los préstamos a los agricultores africanos (endeudándolos aún más).

Debido a una suma de factores -expansión de los biocom, especulación de las materias primas, pérdida de cosechas debido a meteorología adversa, crecimiento de la población, pérdida de soberanía alimentaria, proteccionismos de ciertas economías, subida del precio del petróleo- los logros alcanzados desde la descolonización están retrocediendo, la crisis alimentaria se está exacerbando y ha conducido a una ola de hambre mundial sin precedentes.

Existe la tecnología necesaria para alimentar a toda la población. Pero, en una apuesta suicida, nos decantamos por utilizar esa tecnología para mantener los privilegios de un pequeño porcentaje de esa población.

* Artículo ganador del Primer Premio Periodista Ciudadano 2008 en la categoría de Medio Ambiente y Cambio Climático, organizado por la web de noticias bottup.
Anuncios

Un comentario en “Alimentar a los coches o alimentar a las personas

Los comentarios están cerrados.