La falsa conciencia de los países desarrollados

Hsu Ming-Teh/. Es decepcionante ver que en pleno siglo XXI se continúe fabricando material bélico altamente perjudicial para la humanidad, y se continúe empleando la tortura como medio para obtener información, bajo la excusa de abortar operaciones terroristas o de espionaje, como realizan de forma habitual los Estados Unidos en campos de concentración como Guantánamo. Y lo más inaudito es que la CIA realiza periódicamente manuales de tortura para evitar en lo posible que el empleo de estas prácticas dejen huella física en los detenidos ilegalmente y muchas veces que ni siquiera tengan un juicio justo.

Es sin duda un retroceso en los derechos humanos. No podemos resignarnos a que estas salvajadas sigan ocurriendo día a día.

Lo más atroz son las bombas de racimo, ya que de cada una de ellas salen unas 300 granadas, de las que hasta un 30% quedan sin detonar y convierten durante años los países bombardeados en un inmenso campo de minas que provocan brutales y severas amputaciones en las personas, además de destrozar totalmente el objetivo de la operación bélica, el 98% de las víctimas son civiles que viven en las cercanías de las instalaciones militares destruidas.

El ejemplo más reciente de la duración del peligro tras los bombardeos, la tenemos en que alrededor de 16.000 personas han sido evacuadas el pasado 18 de mayo en la ciudad de Chofu, al oeste de Tokio para que las Fuerzas de Autodefensa de Japón desactivaran una bomba (de una tonelada de peso) de la II Guerra Mundial que nunca explosiono, se cree que fue lanzada por un avión B-29 estadounidense que se estrello en 1945.

A finales del mes de mayo se celebrara en Dublín una Conferencia para la Prohibición de las Bombas de Racimo y munición fragmentaria explosiva, en la que participaran 85 países que quieren convertir en ilegales este tipo de armas por el grandísimo peligro que estas entrañan en la humanidad.

El gobierno de España debería prohibir inmediatamente su producción, su comercialización, su almacenamiento, así como perseguir y presionar a otros países en la que esta práctica sea legal. Sin embargo, se va a seguir permitiendo la venta de armas a países como –Colombia, Filipinas o Israel – donde se violan de forma sistemática los derechos humanos, según se recoge en las enmiendas al proyecto de Ley sobre Transferencias de Armas (por lo que se incumple el Código de Conducta de la UE), en la que se incluyen cláusulas de no reexportación, control de las exportaciones de las fabricas españolas y de las ventas de armas deportivas y de caza, la obligatoriedad de informar del destinatario final de las armas.

Aun así, “no será suficiente”, según reconoce el responsable de la campaña Armas bajo control de Greenpeace, Mabel González porque en la nueva ley, el Consejo de Defensa deberá recibir información cada 6 meses de la venta de armas y material de doble uso, pero se detalla sólo la categoría (estas engloban material tan diverso desde un paracaídas a un caza) y no el tipo de arma.

En España, al menos dos empresas, Instalaza y Expal, ensamblan bombas de racimo y al englobarse en una categoría se confunden entre material de defensa muy diferente, y es difícil saber donde terminan, en el caso de la venta al detalle de sus componentes, se pierde su rastro. Por lo que “resulta imposible saber qué se importa y adónde” continua González.

Además el 80% del total de armamento acaba en manos ilegales (guerrillas, grupos terroristas o en redes de narcotráfico) pese a que proceden de transacciones y ventas totalmente legales.
Las ONGs Greenpeace, Amnistía Internacional (AI) e Intermón Oxfam (IO) reclamaron desde la creación de la Ley sobre Transferencias de Armas en diciembre del 2006, su modificación y en las últimas enmiendas acordadas a finales del 2007 al proyecto de Ley no se recoge la prohibición de la venta de bombas de racimo, sólo una mención de sus peligros y recuerda el inmenso coste humano (según Intermón Oxfam muere cada minuto una persona en el mundo por el descontrol armamentístico). Se recoge la prohibición de exportar material de tortura, pero sin duda no interesa endurecer la ley cuando en el año 2006 los ingresos por la venta de armas (845millones) han duplicado los del año anterior.

Ya dijo Confucio “La civilización es un estado avanzado de salvajismo”.

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