Rumania, la historia de un país

Simona Proca / Por su tamaño y potencial, Rumania se presenta como uno de los países más importantes de Europa del Este. La caída del comunismo en 1989 ha significado un verdadero choque para una economía cerrada, poco competitiva y estructurada según principios poco funcionales hoy en día. La reciente integración del país en la Unión Europea, en 2007, nos da una buena señal de que la etapa de transición ha sido superada.

Mapa de Rumanía
Mapa de Rumanía

Rumania es un país con un gran potencial latente, que desde hace 15 años empieza a saltar a la luz de las economías occidentales.

Situada estratégicamente en los Balcanes (zona históricamente conflictiva y disputada de los grandes poderes), Rumania es el segundo país en tamaño y población de los países del Este, con 238.351 Km2 y 22 millones de habitantes. Así como muestran las fuentes de estadísticas del INS, el 87.4% de la población son rumanos, 7.1% magiares, 1.8% gitanos, 1.7% otras etnias. En cuanto a la religión, 86% son ortodoxos, 5%  católicos, 9% otras religiones.

Indudablemente lo que se considera una gran ventaja de este país es su raíz latina. Si analizamos en detalle la historia de Rumania, encontraremos que en 97-117 el emperador Trajano conquista Dacia, trasformándola en provincia romana (de aquí también viene el nombre del país, Romania) con todo lo que el proceso de romanización suponía: cristianización de los dacioromanos, adopción gradual, pero definitiva, de la lengua latina, pero también de las costumbres.

Debido a la influencia significativa que el Imperio Romano ejercitó en Rumania en áreas como política, economía, religión y cultura, el pueblo rumano pudo hacer frente al Imperio Bizantino y a las sucesivas oleadas migratorias.

Y, quizá, eso ha sido a lo largo de la historia su punto fuerte: mantenerse como nación independiente e íntegra frente a los godos, hunos, gépidos, ávaros, eslavos, pechenegos, cumanos y tártaros, bizantinos y húngaros, preservando su identidad (idioma, religión).

Esa es una de las razones por lo cual los rumanos consideran hoy en día justificado formar parte, con dignidad, de la comunidad euroatlántica, creadora de la gran civilización de nuestra época. Basándose en su tradición, su cultura, su capacidad de resistir a una coyuntura política y geográfica conflictiva y problemática, Rumania muestra cada día sus grandes aspiraciones, intentado recuperar su sitio en Europa.

Indudablemente, la situación política de Rumania como su transformación paradójica y, cómo no, convulsiva, ha estado siempre bajo el signo de su posición geográfica poco favorable.

Por esto se habla que la transición política de Rumania no es un caso de restauración completa, sino más bien una cultura híbrida, que incorpora tanto elementos de experiencia leninista y tendencias nacionalistas, como formas embrionarias de pluralismo democrático.

Desde 1965, cuando Ceausescu fue colocado en el poder por la alta nomenclatura rumana, la trayectoria de Rumania fue, hasta la Revolución de diciembre 1989, privada de una evolución digna. Basada en el modelo estalinista del socialismo, el régimen rumano fue, por 45 años, totalitario, con una tinta “sultánistica” (Linz y Stepan, 1999) y un grado de intrusión en la vida privada sin precedentes (Fisher, 1996.).

El fracaso total del régimen instaurado de Ceausescu se basa en la privación de libertad para sus ciudadanos (libertad de expresión, de manifestación religiosa, etc.), como en la mala gestión de las empresas (organizadas en forma de grandes combinats que concentraban la mano de obra industrial para obtener el mayor rendimiento posible de las integraciones horizontales y verticales y de las economías de escala).

El régimen comunista también ha dejado huellas en la cultura rumana: transformó el sistema educativo en sus diferentes niveles para dar mayor cabida al adoctrinamiento riguroso de la juventud en un “nacional-comunismo” muy dogmático, y sometió a todos los medios de comunicación y, en general, al mundo cultural.

Estos son unos de los motivos por los cuales, en abril de 1989, cuando el dictador rumano anunciaba satisfecho al mundo la liquidación de la deuda, el parlamento europeo paralizaba las conversaciones sobre el comercio con Rumania hasta que el gobierno no pusiera fin a las violaciones de derechos fundamentales.

Era evidente, pero impensable para todos los rumanos, que el fin del régimen comunista que había apartado el país de la democracia, estaba cerca.

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