Estos días me he hecho una pregunta…

Ruth Fernández Cifuentes* / Desde estas páginas quiero lanzaros una pregunta a la que no encuentro solución. Desde hace tiempo me vengo preguntando porque algunos padres de adolescentes se quejan tanto del comportamiento de sus hijos. Ahora os explico porque os digo esto. Desde hace algunos años trabajo dando sesiones de normas y límites y comunicación para padres y madres con hijos de cualquier edad, pueden acudir cuando quieran, las veces que quieran, pueden hacer todas las preguntas que quieran, plantear sus miedos sin problemas y en la medida de lo posible alguna de mis compañeras o yo, intentamos darles pautas que les puedan servir para solventar los problemas de relación y convivencia que se presentan, sobre todo, en la época de la adolescencia.

 

Hasta aquí todo bien. Pero esta semana, he dado dos charlas sobre las normas y los límites, una estaba destinada a los padres de niños en edad infantil, es decir, de entre 3 y 5 años. La otra era para padres de adolescentes. Debido a la vida tan estresada que llevamos habitualmente y la cantidad de cosas que tenemos que hacer, es complicado que algunos padres saquen tiempo para asistir a las charlas que se organizan en los colegios e institutos. Tanto por parte de los padres como de la sociedad en general existe una visión bastante negativa con respecto a la adolescencia, podemos oír comentarios sobre su falta de respeto, que no hacen caso de las normas que se les ponen en casa, que se saltan los límites, que hacen lo que les da la gana… La convivencia es cada más difícil porque parece que en las casas se establecen luchas de poder, guerras entre padres e hijos. Que, últimamente, parecen que ganan los hijos adolescentes y que me da la sensación que los padres no analizan lo que está pasando realmente.

 

Siempre he pensado que detrás de todo mal comportamiento de un adolescente hay un mensaje oculto de los hijos hacia los padres y, por extensión, al resto de la sociedad. El otro día comprendí que tenía razón, y que el mensaje que quieren transmitirnos y sobre todo transmitirles a sus padres, es que les hacemos poco caso cuando se portan bien, ignoramos su comportamiento bueno, sus buenos modales, nunca les decimos que estamos orgullosos de ellos, que nos gusta como hacen las cosas, que les queremos… tan sólo nos limitamos a criticar la parte mala, un mal comportamiento, nos quejamos y chillamos cuando se saltan las normas pero no les decimos que está bien hecho cuando sí las cumplen. Nos quejamos cuando llegan tarde, pero nos olvidamos de darles las gracias cuando llegan a su hora o cuando, incluso llegan antes de tiempo. Todo esto tiene sus consecuencias, y estamos viendo las negativas, porque sólo queremos ver esa parte.

 

Estos días esto me ha quedado más claro, cuando he podido dar las charlas y me fijé claramente en la cantidad de gente que asistía a las mismas. Mientras que los padres y madres de niños en edad infantil eran casi 50 los asistentes, en la sesión que correspondió al instituto tan sólo eran 11. ¿Qué es lo que ocurre? ¿Dejamos de preocuparnos por la educación de los hijos llegados a una determinada edad? Pero entonces, ¿por qué nos quejamos tanto de su comportamiento?

 

Una madre del AMPA del Instituto al que fui, me estuvo contando que ya no sabían qué hacer para que la gente asistiera a las charlas sobre educación, a las reuniones del AMPA, los profesores tienen problemas para que los padres asistan a las tutorías de sus hijos… Han puesto las charlas por las tardes, por las mañanas, los sábados, han mandado las cartas por correo, se las han llevado sus hijos, les han llamado por teléfono… pero ni siquiera así son capaces de que la gente asista a las reuniones, “siempre vamos los mismos”. Dejaremos un momento para la reflexión y si alguna persona sabe como conseguir que se impliquen los padres y madres de los adolescentes en la educación de sus hijos, será bien recibida. Pensemos. Quizás los chavales de hoy en día tan sólo quieren que se les reconozcan sus logros, sus batallas ganadas por el buen camino, su mejora en el rendimiento ya sea escolar o laboral… en definitiva, quizás tan sólo estén llamando nuestra atención, o mejor dicho, la atención de sus padres.

 

* Ruth Fernández es psicóloga

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